La visión aérea: fuente de fascinación y de nuevas formas de ver el espacio

Casi medio siglo ha trans­cu­rrido desde aquel pre­ciso momento en el que un con­junto de cir­cuns­tan­cias (más o menos for­tui­tas) con­flu­ye­ron en la toma de una foto­gra­fía de la Tie­rra desde el espa­cio exte­rior. Esta ima­gen, que inte­gra una serie del pro­grama espa­cial Apo­llo de la NASA (Natio­nal Aero­nau­tics Space Admi­nis­tra­tion), ofre­cía por pri­mera vez la posi­bi­li­dad de ver la Tie­rra en su tota­li­dad: una esfera única, infi­ni­ta­mente pequeña y colo­rida, bella y sus­pen­dida en el uni­verso [Figura 1]. Desde enton­ces estas imá­ge­nes con­ti­núan des­per­tando fas­ci­na­ción como lo demues­tra el éxito de la expo­si­ción La Tie­rra vista desde el cielo, pre­sen­tada en espa­cios públi­cos de más de cien ciu­da­des, con patro­ci­nio de la UNESCO y direc­ción del reco­no­cido fotó­grafo fran­cés Yann Arthus-Bertrand. Ame­rita, enton­ces, ana­li­zar la espe­ci­fi­ci­dad de las imá­ge­nes aéreas, su uti­li­za­ción en dis­tin­tos con­tex­tos y la reno­vada atrac­ción que ellas ejer­cen en nues­tra cul­tura visual.

Algu­nas obras lite­ra­rias y regis­tros grá­fi­cos, como los mapas a vista de pájaro, mues­tran que la facul­tad de ima­gi­nar vis­tas aéreas pre­ce­dió la expe­rien­cia directa pro­pia­mente dicha. En cierto modo, estos regis­tros lite­ra­rios y visua­les fue­ron habi­tuán­do­nos a la visión aérea. Sin embargo, las imá­ge­nes aéreas pro­du­cen un efecto de extra­ña­miento: lo cono­cido se pre­senta bajo otro aspecto, forma, tex­tura, color, tamaño y como con­se­cuen­cia se vuelve extraño o des­co­no­cido. En los mate­ria­les esco­la­res del siglo pasado se apeló a repro­du­cir junto a las imá­ge­nes aéreas otras for­mas de regis­tro del terri­to­rio ya cono­ci­das –mapas, vis­tas obli­cuas o esque­mas– como refe­ren­cias impres­cin­di­bles para los estu­dian­tes. En la actua­li­dad, exis­ten sitios de Inter­net que pro­mue­ven el acceso de audien­cias no espe­cia­li­za­das a estas imá­ge­nes y así se renueva la empresa de hacer menos extraña la visión aérea [Figura 2]. Se asume que la fre­cuente expo­si­ción a las imá­ge­nes aéreas las vol­verá fami­lia­res y sobre todo legi­bles. No obs­tante, la inter­pre­ta­ción de estas imá­ge­nes exige mucho más que estar habi­tua­dos a verlas.

Earthrise. Diciembre 1968.

Earth­rise. Diciem­bre 1968.

En las imá­ge­nes aéreas, como resul­tado de la dis­tan­cia defi­nida por la altura, se borran las par­ti­cu­la­ri­da­des y los deta­lles. Pero, tam­bién, se expo­nen rela­cio­nes entre obje­tos y patro­nes (no siem­pre visi­bles desde la super­fi­cie). Men­cio­na­re­mos tan solo algu­nos de los usos de las imá­ge­nes aéreas: la iden­ti­fi­ca­ción e inter­pre­ta­ción de sitios arqueo­ló­gi­cos, el pla­nea­miento urbano, la eva­lua­ción de usos del suelo y de acti­vi­da­des agrí­co­las, el estu­dio de pro­ce­sos tales como la ero­sión y la defo­res­ta­ción, la eva­lua­ción de la escala del impacto de even­tos de diverso ori­gen como los incen­dios o las inun­da­cio­nes. Las imá­ge­nes aéreas son uti­li­za­das con fre­cuen­cia para comu­ni­car la dimen­sión y la escala de los pro­ble­mas ambien­ta­les y de este modo, para con­mo­ver, per­sua­dir y movilizar.

Toda ima­gen entraña una pro­duc­ción, una selec­ción y un mon­taje que cues­tiona su con­di­ción de regis­tro fiel. En el caso de las imá­ge­nes sate­li­ta­les, desde la cap­tura a tra­vés de sen­so­res (sen­si­bles a ban­das del espec­tro elec­tro­mag­né­tico no visi­ble para el ojo humano) hasta el pro­ceso de tra­ta­miento y com­po­si­ción de la infor­ma­ción incide en lo que pode­mos mirar a tra­vés de ellas. Por un lado, la sim­pli­fi­ca­ción, el orden y la racio­na­li­za­ción del terri­to­rio deli­neado desde estas imá­ge­nes; por otro, su uti­li­za­ción en con­tex­tos cien­tí­fi­cos y téc­ni­cos, ha refor­zado su con­di­ción de regis­tro trans­pa­rente e impar­cial. El efecto de rea­lismo de estas imá­ge­nes ha con­so­li­dado la idea de que esta­mos viendo el mundo tal cual es.

Captura de pantalla sitio de Internet que pone en circulación una imagen aérea cada día.

Cap­tura de pan­ta­lla sitio de Inter­net que pone en cir­cu­la­ción una ima­gen aérea cada día.

Dos esce­nas ilus­tran la migra­ción de las imá­ge­nes aéreas a otros con­tex­tos y algu­nos de sus efec­tos. Pri­mera escena: el cine ambien­tal, par­ti­cu­lar­mente en el género docu­men­tal, uti­liza con recu­rren­cia las vis­tas aéreas con la fina­li­dad de hacer visi­ble la escala de los impac­tos de deter­mi­na­das acti­vi­da­des en el ambiente. Con la inclu­sión de las vis­tas aéreas se busca hacer más vero­sí­mil y obje­tiva la infor­ma­ción que se pre­senta. Segunda escena: un via­jero más o menos ave­zado uti­liza Goo­gle Earth para corro­bo­rar la cre­di­bi­li­dad de la infor­ma­ción brin­dada por los ope­ra­do­res turís­ti­cos. Y una vez que han lle­gado al lugar de visita bus­cará encon­trar los sitios indi­ca­dos y des­ta­ca­dos en Goo­gle Earth como una guía de lo que debe ser visi­tado, visto y foto­gra­fiado. Estos epi­so­dios, que segu­ra­mente evo­ca­rán en los lec­to­res expe­rien­cias simi­la­res, sugie­ren que parte de la atrac­ción que pro­vo­can estas imá­ge­nes se sos­tiene en su supuesta trans­pa­ren­cia. Dicho de otro modo, toda­vía segui­mos deseando encon­trar en cada una de ellas la ima­gen más pre­cisa, per­fecta y ver­da­dera. Segu­ra­mente tam­bién nos atrae sen­tir que acce­de­mos, al menos vir­tual­mente, a una visión que nunca podre­mos tener.

La visión aérea ha sido una fuente de ins­pi­ra­ción para pro­du­cir otras imá­ge­nes y nue­vas for­mas de ver el espa­cio . Los atri­bu­tos esté­ti­cos y el grado de inter­ven­ción que con­tiene la pro­pia pro­duc­ción de las imá­ge­nes aéreas vuel­ven borro­sos e ines­ta­bles los lími­tes entre cien­cia y arte. Estos cru­ces, a nues­tro cri­te­rio, cons­ti­tu­yen opor­tu­nos plie­gues para pro­ble­ma­ti­zar la trans­pa­ren­cia de estas imá­ge­nes. Docu­men­ta­les como Manu­fac­tu­red Lands­ca­pes (diri­gida por Jen­ni­fer Bai­ch­wal, 2006) y más recien­te­mente Water­mark (con direc­ción de Jen­ni­fer Bai­ch­wal y Edward Burtynsky, 2014) evi­den­cian que la esté­tica visual puede ser la clave de la trama narra­tiva para comu­ni­car, per­sua­dir y movi­li­zar. La belleza de las imá­ge­nes atrae los ojos y los obliga a mirar aque­llo que, como ilus­tran los pai­sa­jes indus­tria­les, suma­mente urba­ni­za­dos y tóxi­cos, por lo gene­ral evi­ta­mos mirar. Empero, podría­mos valer­nos del entra­mado de cien­cia y arte que des­plie­gan las imá­ge­nes aéreas no solo para cau­ti­var la mirada sino tam­bién para sos­pe­char (al menos un poco) de ellas, hacer­les pre­gun­tas más apro­pia­das y toda­vía más: desa­fiar nues­tros modos de mirarlas.

 

Para mayor información:

HOLLMAN V. Pro­ble­mas en torno a la visua­li­za­ción de la cues­tión ambien­tal en medios de cir­cu­la­ción masiva: las imá­ge­nes del cam­bio cli­má­tico en la Revista Viva (1994–2010). Revista Geo­grá­fica Digi­tal. Facul­tad de Huma­ni­da­des. UNNE. Resis­ten­cia, Chaco. Año 10. Nº 19. Enero – Junio 2013. Dis­po­ni­ble en: http://hum.unne.edu.ar/revistas/geoweb/Geo19/archivos/hollman2013.pdf

Veró­nica Holl­man es Inves­ti­ga­dora Adjunta del CONICET en el Ins­ti­tuto de Geo­gra­fía de la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires y pro­fe­sora de la Uni­ver­si­dad Nacio­nal del Cen­tro de la Pro­vin­cia de Bue­nos Aires.

 

Ficha biblio­grá­fica:

HOLLMAN Veró­nica. La visión aérea: una fuente de fas­ci­na­ción y de nue­vas for­mas de ver el espa­cio. Geo­cri­tiQ. 15 de octu­bre de 2015, nº 174. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2015/10/la-vision-aerea-una-fuente-de-fascinacion-y-de-nuevas-formas-de-ver-el-espacio>

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