Abatidos, arrodillados y postrados. Unas líneas sobre fuentes orales. El caso de la represión franquista

No recuerdo si ya poseía lo que se deno­mina “uso de razón”, lo que recuerdo es que hasta bien entrada mi ado­les­cen­cia, cada vez que salía de casa mi madre me repe­tía “no pases por tal calle, no te acer­ques a tal sitio, no hables con este o con aquel”. Acabé pen­sando que se tra­taba de una obse­sión ajena a mí y por tanto no me veía obli­gado a seguir sus obser­va­cio­nes y, como es natu­ral, no hice caso a nin­guna de ellas, aun­que me pre­gun­taba la razón pero mi madre no soltó prenda nunca.

Tardé años en ave­ri­guar la razón de todo aque­llo. Los luga­res y las per­so­nas “veta­dos” eran para ella recor­da­to­rios de dolor y per­so­na­jes mal­va­dos. Durante la pos­gue­rra en aque­llas calles a priori para mi “non tran­sit” vivían per­so­nas res­pon­sa­bles de haber aca­bado con la vida de un primo y un par de ami­gos suyos, y aque­llas per­so­nas eran las que se debía evi­tar. En pocas pala­bras, mediante el silen­cio y la adver­ten­cia inde­ter­mi­nada, mi madre me trans­mi­tía lo terro­rí­fico de una viven­cia que de alguna forma la siguiente gene­ra­ción debía­mos here­dar sin más . Supongo que lo mismo ocu­rri­ría con los “otros”.

Una vez aban­doné o me aban­donó, mejor, la ado­les­cen­cia y con una for­ma­ción acorde a la de los tiem­pos que corrían, decidí inten­tar saber qué había pasado en mi pue­blo por lo que con­sulté de manera enfer­miza y exhaus­tiva el archivo muni­ci­pal, no sin antes haber pasado por un duro enfren­ta­miento con la buro­cra­cia local. Corría el año 1983 y deci­di­da­mente la “nor­ma­li­dad demo­crá­tica” para cier­tos aspec­tos no resul­taba ser muy normal.

Lo cierto es que obtuve mucha infor­ma­ción –que me ser­vi­ría pos­te­rior­mente en mi desa­rro­llo pro­fe­sio­nal– pero con­se­guí más pre­gun­tas que res­pues­tas y un hecho vino a ser trans­cen­den­tal: la cruz de los caí­dos. La placa en cues­tión había ido a parar a un lugar más o menos “disi­mu­lado” del cemen­te­rio, así que pude con­se­guir el lis­tado de per­so­nas de la loca­li­dad  ase­si­na­das por las hor­das mar­xis­tas y demás para­fer­na­lia del régimen.

Mi sor­presa fue monu­men­tal. De las víc­ti­mas que apa­re­cían ins­cri­tas, una estaba viva y otra había falle­cido no hacía mucho. Lo más cho­cante es que ambas fue­ron cano­ni­za­das durante la mara­tón bea­ti­fi­ca­dora de Juan Pablo II a pesar de mis infor­mes. Ade­más, no me apa­re­cían otras cua­tro que gra­cias al tra­bajo de Vicente Gabarda sabía que habían sido ase­si­na­das entre 1936–1939.

Así pues, mag­ne­to­fón en mano, me dedi­qué a entre­vis­tar a gente que había vivido el período, comen­zando por los tiem­pos repu­bli­ca­nos y pro­cu­rando alcan­zar el hori­zonte más lejano posi­ble. Ni qué decir tiene que el con­glo­me­rado con­ser­va­dor local no tuvo a bien aten­derme, incluso alguno que otro llegó al insulto y alguna que otra ame­naza. Por parte de los con­si­de­ra­dos de izquier­das –recuer­den que había “vaciado” el archivo muni­ci­pal– obtuve reac­cio­nes de todo tipo –miedo, mucho miedo pude com­pro­bar que seguía inserto en sus vidas– pero con­se­guí ave­ri­guar lo que no me decía la docu­men­ta­ción archi­vís­tica ni hemerográfica.

Los ase­si­na­dos no con­tem­pla­dos en la cruz de los caí­dos lo habían sido en otros luga­res mien­tras que en el pue­blo los con­si­de­ra­ban en Bia­rritz o luga­res simi­la­res donde habían podido hipo­té­ti­ca­mente refu­giarse, lo que sí logra­ron los otros dos que apa­re­cían como víc­ti­mas y en 1939 esta­ban vivos y coleando.

En mi pue­blo se arre­bató la vida a 22 per­so­nas durante la gue­rra. Con­sul­tado el regis­tro civil, libro de defun­cio­nes, me apa­re­cie­ron doce eje­cu­ta­dos nada más aca­bar la gue­rra. Pero en la capi­tal del par­tido judi­cial fue­ron eje­cu­ta­das veinte per­so­nas más, otras 18 en Paterna y siete en diver­sos luga­res de la piel de toro.

La repre­sión fran­quista no con­sis­tió úni­ca­mente en man­dar gente al otro mundo. Pude ente­rarme, gra­cias a las entre­vis­tas, de la suerte que corrie­ron otros ven­ci­dos. La docu­men­ta­ción con­sul­tada ofre­cía pre­cio­sos datos como por ejem­plo, lo que es fun­da­men­tal, el pro­ceso seguido: deten­cio­nes, tor­tu­ras, haci­na­miento, jui­cios suma­rí­si­mos sin garan­tías, encarcelamientos.

Para sor­presa de un ser­vi­dor, me enteré que uno de mis fami­lia­res había estado pre­sen­tán­dose sema­nal­mente al cuar­tel de la guar­dia civil con la fina­li­dad de estar con­tro­lado, tras haber sido puesto en liber­tad pro­vi­sio­nal en 1943. Su última visita a la com­pro­ba­ción por parte de la bene­mé­rita fue en… 1972.

La fuente oral, por tanto, me pro­por­cionó la pro­xi­mi­dad humana: con­tem­plar, pon­de­rar y com­pro­bar el efecto de incor­po­rar la his­to­ria al pre­sente, sea dolor sea la risa del recuerdo de una anéc­dota, las lágri­mas de la reme­mo­ra­ción. O sea cali­brar el fac­tor humano como ele­mento ver­te­bra­dor de no sólo pasio­nes huma­nas, tam­bién las res­pues­tas ante situa­cio­nes que no podría­mos com­pren­der de otra manera. Ade­más, ya pue­den ima­gi­nar uste­des que no entre­visté a nin­guna per­sona clave del período repu­bli­cano, ni durante el con­flicto ni de la etapa franquista.

Per­so­nas que no habían jugado para nada un papel rele­vante en la his­to­ria tuvie­ron voz por pri­mera vez. Modes­tia aparte, se con­si­guió una his­to­ria demo­crá­tica, una his­to­ria donde los pro­ta­go­nis­tas eran todos, puesto que los entre­vis­ta­dos repre­sen­ta­ban a un sec­tor con­creto de la pobla­ción: el que hace la his­to­ria y la sufre.

Así, pues, el resul­tado final no pudo dejarme más satis­fe­cho: había logrado lo que para mí es la fun­ción del his­to­ria­dor: estu­diar el pasado y devol­verlo de forma orde­nada e inte­li­gi­ble a su ver­da­dero pro­ta­go­nista: la socie­dad . Con­se­guía así la total demo­cra­ti­za­ción de mi trabajo.

Para mayor información

CALZADO, A. y TORRES, R. C. Las fuen­tes ora­les: una apli­ca­ción prác­tica en el caso de los ofi­cios. Socio­lo­gía del Tra­bajo, 26. 1995. pp. 29–39.

ESCRIVÀ, E. y TORRES, R. C. Apunts sobre fonts orals i la seva ges­tió. Valèn­cia. Aso­cia­ción Cul­tu­ral Ins­ti­tuto Obrero, 2015.

Ricard Camil Torres Fabra es pro­fe­sor de his­to­ria en la Uni­ver­si­tat de València.

Ficha biblio­grá­fica:

TORRES, R.C. Aba­ti­dos, arro­di­lla­dos y pos­tra­dos. Unas líneas sobre fuen­tes ora­les. El caso de la repre­sión fran­quista. Geo­cri­tiQ. 1 de octu­bre de 2015, nº 171. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2015/10/abatidos-arrodillados-y-postrados-unas-lineas-sobre-fuentes-orales-el-caso-de-la-represion-franquista>

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One thought on “Abatidos, arrodillados y postrados. Unas líneas sobre fuentes orales. El caso de la represión franquista

  1. ¡Causa de ase­si­na­tos y migra­ción de la España del espanto! hace falta dar a cono­cer muchos tra­ba­jos como este.

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