Catando paisajes cotidianos como signos de desarrollo

Como la feli­ci­dad, la salud  o la sabi­du­ría, el desa­rro­llo es una de esas cate­go­rías que todo el mundo anhela, tanto a nive­les per­so­na­les como comu­ni­ta­rios. Pero tales anhe­los pue­den ser con­fu­sos si no se aco­tan sus defi­ni­cio­nes, hasta el punto que pue­den exis­tir e incluso abun­dar los “ton­tos feli­ces”, los “enfer­mos salu­da­bles”, los “sabios igno­ran­tes” o los “pobres desarrollados”.

El cre­ci­miento es el  incre­mento en la escala física de algo o de alguien, mien­tras que el desa­rro­llo es un des­plie­gue de cua­li­da­des. Igual que una per­sona que crece en esta­tura no tiene por­qué desa­rro­llarse neu­ro­nal­mente, un terri­to­rio o una socie­dad pue­den cre­cer eco­nó­mi­ca­mente pero no desa­rro­llarse.  No obs­tante, lo nor­mal es que suela ser nece­sa­rio un cierto nivel de cre­ci­miento eco­nó­mico para que se pro­duzca el desa­rro­llo, aun­que hay momen­tos en los que el cre­ci­miento puede aho­gar al desa­rro­llo, engu­llendo sus cua­li­da­des más distintivas.

Con el afán des­me­dido de ganan­cia y el mito del cre­ci­miento sin freno hay socie­da­des que ponen pre­cio a todos sus valo­res en un alarde de nece­dad explí­ci­ta­mente denos­tado por Anto­nio Machado: “Todo necio con­funde valor y pre­cio”. Y un valor bas­tante recu­rrente en este tipo de con­fu­sión es el del pai­saje, cuando se rela­ciona solo con lo cre­ma­tís­tico.
Los pai­sa­jes son, a la vez, expre­sio­nes dura­de­ras del patri­mo­nio de una comu­ni­dad y reali­da­des per­ci­bi­das desde sen­ti­mien­tos iden­ti­ta­rios e ins­tan­cias crea­ti­vas. Por todo ello, pue­den ser  ins­tru­men­tos idó­neos para la pre­sen­ta­ción de las sin­gu­la­ri­da­des de un terri­to­rio en las redes glo­ba­les. Por­que en el actual con­texto glo­ba­li­zado, sólo la pro­gre­siva cone­xión con las redes glo­ba­les ofrece a un terri­to­rio y a una comu­ni­dad posi­bi­li­da­des reales de cre­ci­miento eco­nó­mico, pero las opor­tu­ni­da­des de un desa­rro­llo cua­li­ta­tivo sólo pro­ce­de­rán de la intro­duc­ción cui­dada de sus sin­gu­la­ri­da­des patri­mo­nia­les en dichas redes.

Y sus pai­sa­jes qui­zás cons­ti­tu­yan las expre­sio­nes más com­par­ti­das y demo­crá­ti­cas del legado de cual­quier comu­ni­dad humana. De manera que el reco­no­ci­miento del valor patri­mo­nial de sus pro­pios pai­sa­jes podría ser un buen  signo de su desa­rro­llo con­tem­po­rá­neo: Dime en qué pai­saje vives y te diré el nivel de desa­rro­llo de tu comunidad.

Como reali­dad tra­yec­tiva o medial entre unos obje­tos obser­va­bles y sus pro­pios obser­va­do­res –una espe­cie de yin/yang oriental-, el pai­saje fue des­cu­bierto en occi­dente por los román­ti­cos. Natu­ra­lis­tas, geó­gra­fos, filó­so­fos, lite­ra­tos y pin­to­res román­ti­cos com­par­ten un enten­di­miento analó­gico y com­pren­sivo del mundo. Ale­xan­der von Hum­boldt estaba con­ven­cido de que por el pro­greso de la inte­li­gen­cia se debían unir la cien­cia y la poe­sía. Tal con­vic­ción fun­da­menta la pers­pec­tiva de la geo­gra­fía moderna, en cuya con­cep­ción del pai­saje con­ver­gen la idea de tota­li­dad, la emer­gen­cia del sujeto y del saber ver, la poten­cia de las obser­va­cio­nes y de los sabe­res y la imbri­ca­ción de inte­li­gen­cia, ética y esté­tica. Y todo ello enmar­cado en un res­pon­sa­ble sen­tido edu­ca­dor.

Y en los ale­da­ños del roman­ti­cismo y de la feno­me­no­lo­gía ale­mana con­tem­po­rá­nea apa­rece la her­me­néu­tica, que puede cons­ti­tuirse en ins­tru­mento o camino rigu­roso para leer, com­pren­der, inter­pre­tar y comu­ni­car  pai­sa­jes. Los cata­do­res de café o de vino, por ejem­plo, son her­me­neu­tas que tra­du­cen a unos len­gua­jes com­pren­si­bles unos sabo­res o aro­mas, mos­trando unos jui­cios de valor de lo catado, que –al usar un método que con­juga muchas cate­go­ri­za­cio­nes– se acer­can a lo que común­mente se entiende por verdadero.

En estos momen­tos esta­mos tes­tando un método de apro­xi­ma­ción a la lec­tura o “cata” de pai­sa­jes coti­dia­nos en dos ámbi­tos bien dis­tin­tos: La Sie­rra Morena de Huelva (Noroeste de Anda­lu­cía, España) y El Eje Cafe­tero Colom­biano (Mani­za­les, Pereira, Arme­nia). Tal lec­tura de pai­sa­jes tran­sita por tres fases complementarias:

  • Desde la mul­ti­dis­ci­pli­na­rie­dad pri­mera, que –en una reco­pi­la­ción de gabi­nete– recoge dife­ren­tes apro­xi­ma­cio­nes pre­vias para ofre­cer cla­ves com­pren­si­vas del ámbito y para ele­gir los pai­sa­jes con­cre­tos y sig­ni­fi­ca­ti­vos del mismo, que van a leerse directamente.
  • A la inter­dis­ci­pli­na­rie­dad, cuyo obje­tivo es  hacer con­ver­ger dis­tin­tas mira­das hacia aque­llos pai­sa­jes ele­gi­dos, en una obser­va­ción y lec­tura directa y com­par­tida por los dis­tin­tos miem­bros de un equipo inter­dis­ci­pli­nar y que sin­gu­la­riza y sin­te­tiza las siguien­tes cate­go­rías: lími­tes, com­po­nen­tes prin­ci­pa­les, atri­bu­tos y núcleo de sentido.
  • Y a la defi­ni­tiva trans­dis­ci­pli­na­rie­dad, que enri­quece los pai­sa­jes leí­dos con nue­vos rela­tos crea­ti­vos, sin­té­ti­cos y com­pren­si­bles, aña­diendo un esla­bón a la cadena de inter­pre­ta­ción en la que toda reali­dad pai­sa­jís­tica está inmersa.

 

20140047_imagen Juan Francisco Ojeda1

Belleza patri­mo­nial deca­dente de los pai­sa­jes de Lina­res de la Sie­rra (Huelva)
Foto de Marta Rubio (ambien­tó­loga y miem­bro del equipo inter­dis­ci­pli­nar de lec­tura). Lina­res, pri­ma­vera de 2012

 

20140047_imagen Juan Francisco Ojeda2

El patio y el corre­dor de la casa de baha­ra­que fun­cio­nan como nodo y otero de
los pai­sa­jes colo­nia­les cafe­te­ros de Colom­bia
Fotos de Jorge E. Oso­rio (arqui­tecto y miem­bro del equipo inter­dis­ci­pli­nar de lec­tura). Pereira, verano de 2013

 

Con el desa­rro­llo de este método, se pre­tende inci­tar o sub­ra­yar valo­ra­cio­nes patri­mo­nia­les de pai­sa­jes coti­dia­nos tanto entre sus pro­pios cons­truc­to­res o habi­tan­tes como entre los turis­tas que los visi­ten, de manera que unos y otros pue­dan dis­fru­tar­los con mayor deleite, en el sano ejer­ci­cio de ciu­da­da­nía que cons­ti­tuye “pai­sa­jear” (neo­lo­gismo defi­nido por la Con­ven­ción Euro­pea del Pai­saje como gozar o “con­go­zar” con los paisajes).

 

Para mayor información:

OJEDA RIVERA, J.F. Lec­tura trans­dis­ci­pli­nar de  pai­sa­jes coti­dia­nos, hacia una valo­ra­ción patri­mo­nial. Método de apro­xi­ma­ción. Revista INVI,  vol. 28, Nº 78 (2013), p. 27–75 San­tiago de Chile. Ins­ti­tuto de la Vivienda, Facul­tad de Arqui­tec­tura y Urba­nismo, Uni­ver­si­dad de Chile. Dis­po­ni­ble en <http://revistainvi.uchile.cl/index.php/INVI/article/view/803/1095>.

OJEDA RIVERA, J.F. Pai­saje, patri­mo­nio y desa­rro­llo con­tem­po­rá­neo. Apli­ca­ción a los pai­sa­jes cafe­te­ros colom­bia­nos, en CUELLAR, M. (edit) (2014): Mira­das diver­sas. Arqui­tec­tura ver­ná­cula y pai­sa­jes cul­tu­ra­les. p. 162–181. Sevi­lla, Enre­dARS y Red AVI (Arqui­tec­tura Ver­ná­cula Ibe­roa­me­ri­cana), ISBN: 978–84-695‑9827-6.

 

Juan Fran­cisco Ojeda Rivera es pro­fe­sor de Geo­gra­fía de la Uni­ver­si­dad Pablo de Ola­vide de Sevi­lla y per­te­nece a la Red CYTED-(des)BORDES URBANOS y al Grupo de Inves­ti­ga­ción en Estruc­tu­ras y Sis­te­mas Territoriales.

 

Ficha biblio­grá­fica:

OJEDA RIVERA, J.F. Catando pai­sa­jes coti­dia­nos como sig­nos de desa­rro­llo. Geo­cri­tiQ. 30 de junio de 2014, nº 64. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/06/catando-paisajes-cotidianos-como-signos-de-desarrollo/>

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One thought on “Catando paisajes cotidianos como signos de desarrollo

  1. Esti­mado Juan Fran­cisco
    donde puedo obte­ner mas publi­ca­cio­nes tuyas
    me gusta tu linea de pen­sa­miento y estoy basando lgu­nis de los cri­te­rios de mi tesis doc­to­ral en la puesta en valor de una ruta patri­mo­nial en Chile

    me interesa pla­na­tear que es nece­sa­rio edu­car desde peque­ños a los chi­le­nos en el patri­mo­nio que poseen y que noso­tros como pro­fe­sio­na­les del pai­saje esta­mos en la casi obli­ga­ción de crear meto­dos de ense­ñanza donde se com­prenda el pai­saje a tem­prana edad

    muchas gra­cias
    danie­lla gue­rrero
    chile

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