Infraestructuras para una ciudad menos privatizada

La ciu­dad es nues­tro espa­cio de con­vi­ven­cia, y esta­mos some­ti­dos cons­tan­te­mente a un “bom­bar­deo”  de pro­pues­tas para cam­biarla ¿Por qué? ¿Con qué finalidad?

No puede negarse que muchas cosas pre­ci­san ser mejo­ra­das, y que el ciu­da­dano las pide por­que entiende que es un espa­cio de cuya cali­dad depende la de su pro­pia vida. Pero tam­bién es cierto que se deses­pera cuando observa el tipo de res­puesta que da la auto­ri­dad, con inter­ven­cio­nes que, a menudo, crean más pro­ble­mas que los que dicen resolver

Y es que la ciu­dad se ha con­ver­tido en un gran nego­cio. La pro­duc­ción de infra­es­truc­tu­ras urba­nas, el sumi­nis­tro d los ser­vi­cios que dan y la pro­mo­ción inmo­bi­lia­ria son parte de los mayo­res moto­res eco­nó­mi­cos de nues­tra sociedad.

Las ciu­da­des cre­cen ocu­pando el terri­to­rio de su entorno, pro­du­ciendo nueva ciu­dad, y no solo con aquel des­tino que pare­ce­ría lógico (vivien­das, indus­trias, alma­ce­nes o equi­pa­mien­tos), sino que, cuando esos bajan de pre­cio, se inven­tan nue­vos pro­duc­tos como cam­pos de golf, resorts, cen­tros de ocio, etc.

Ciu­da­des han exis­tido siem­pre en la His­to­ria, pero nues­tro tipo de ciu­dad es muy dife­rente. La ciu­dad que sur­gió con la revo­lu­ción indus­trial es muy dis­tinta de cual­quier ante­rior; por­que con­cen­tró medios de pro­duc­ción, como mano de obra, mate­rias pri­mas traí­das desde sus fuen­tes, ener­gía y téc­ni­cas; y ello con el exa­cer­ba­miento de un fac­tor casi nuevo: el capital.

Como un obje­tivo impor­tante era el de la repro­duc­ción del capi­tal, el de su incre­mento, comen­za­ron a inven­tarse pro­duc­tos, creando nue­vas nece­si­da­des socia­les, y entre ellos la pro­pia ciu­dad, que se con­vir­tió en mer­can­cía. Esa la prin­ci­pal causa del “esta­llido” de la ciu­dad sobre su terri­to­rio ale­daño: tener más pro­ducto comer­cia­li­za­ble. La atrac­ción de pobla­ción desde el espa­cio rural, o desde paí­ses más pobres, ayudó a tener mercado.

Es cierto que hoy viven en el pla­neta más per­so­nas que el total de las que han muerto durante siglos. Pero eso solo no explica el tamaño del cre­ci­miento urbano, por­que éste se ha pro­du­cido acom­pa­ñado de una pér­dida de den­si­dad, de com­pa­ci­dad. Como ejem­plo, la Bar­ce­lona metro­po­li­tana ha pasado en los últi­mos treinta años de ocu­par 55 m2  de terri­to­rio por habi­tante a 115 m2/hab. y así casi todas las gran­des metrópolis.

El nivel actual de dis­per­sión terri­to­rial de la ciu­dad es tal que nos enfren­ta­mos a un ver­da­dero desa­fío: no solo pode­mos seguir dila­pi­dando recur­sos ambien­ta­les y ener­gé­ti­cos de tal manera, sino que somos inca­pa­ces de dar ser­vi­cios a los habi­tan­tes de esas peri­fe­rias con un mínimo nivel de equidad.

20150033_imagen Manuel Herce

El pro­blema está en que no sea dado sufi­ciente aten­ción a las infra­es­truc­tu­ras de ser­vi­cios urba­nos, al rol que jue­gan en la for­ma­ción de la ciu­dad y en la aten­ción de las nece­si­da­des de los ciu­da­da­nos. Y en enten­der su fun­ción, el nivel de aten­ción que el ciu­da­dano pre­cisa, sus cos­tes de pro­duc­ción y de dis­tri­bu­ción, el tipo de pro­ble­mas que crean o que resuel­ven, está gran parte de las res­pues­tas que precisamos.

Las infra­es­truc­tu­ras de ser­vi­cios urba­nos casi no exis­tían a inicios del siglo XIX, y su cons­truc­ción ha acor­tado el espa­cio, ha creado un terri­to­rio reti­cu­lar en el que lo urbano se carac­te­riza por pro­xi­mi­dad a sus redes, que han per­mi­tido urba­ni­zar el terri­to­rio más allá del estricto límite de la ciu­dad, limite que tam­bién ha des­a­pa­re­cido a lo largo de ese pro­ceso de cre­ci­miento y trasformación.

A cada tipo de infra­es­truc­tura ha seguido un deter­mi­nado modelo de ciu­dad, para cuya ges­tión han tenido que inven­tarse o adap­tarse ins­tru­men­tos de orde­na­ción y actua­ción que han aca­bado por cons­ti­tuir para­dig­mas de planeamiento.

La inven­ción suce­siva de infra­es­truc­tu­ras de ser­vi­cios urba­nos ha logrado impo­ner, nue­vas nece­si­da­des socia­les, de las que depende la equi­dad entre cla­ses socia­les. Será difí­cil hacer mar­cha atrás en el sumi­nis­tro de ser­vi­cios cuando se ha gene­ra­li­zado su uso; y es un pro­blema de jus­ti­cia evi­tar que se los apro­pien unos pocos. No es otro el pro­blema con que se encuen­tra la inser­ción social de la cada vez más abun­dante ciu­dad informal.

En este sen­tido se pue­den fijar ciclos de infra­es­truc­tu­ras intro­du­ci­das en la ciu­dad indus­trial con caden­cia apro­xi­mada de cada 20 años. Cada uno de esos gru­pos de infra­es­truc­tu­ras ha dado pié a una forma de orga­ni­za­ción de la ciu­dad, que se puede cla­si­fi­car en:

  • Pri­me­ras redes de ser­vi­cios: sumi­nis­tro del agua pota­ble y gale­rías de dre­naje y alcan­ta­ri­llado; dis­tri­bu­ción de gas para el alum­brado y  redes urba­nas de telé­grafo. Ellas son las res­pon­sa­bles de la ciu­dad del siglo XIX. La de los ensan­cha­mien­tos con­ti­nuos y com­pac­tos de la ciu­dad sobre la base del esti­ra­miento de esas redes de ser­vi­cios, que c colo­ni­za­ban el terri­to­rio gene­rando expec­ta­ti­vas urbanísticas.
  • Ferro­ca­rril y sus efec­tos sobre la revo­lu­ción del trans­porte de trac­ción ani­mal y tran­vías sobre rie­les, pri­mero con trac­ción a vapor y luego elec­tri­fi­ca­dos. Esas infra­es­truc­tu­ras con­so­li­da­ron los subur­bios obre­ros, que comen­za­ron a ten­sio­nar la ciu­dad compacta.
  • Corriente eléc­trica apli­cada pri­mero a tran­vías y, luego al alum­brado, ini­ciando un ciclo que se carac­te­ri­zará por la com­bi­na­ción automóvil-electricidad en corriente alterna. A ellas res­ponde la ciu­dad frag­men­tada en núcleos saté­lite de uso espe­cia­li­zado, que se inició en USA entre las dos gue­rras mun­dia­les para exten­derse casi como solu­ción única en la Europa des­pués de la segunda. Es impor­tante recor­dar que el para­digma urba­nís­tico que entro­ni­za­ría ese modelo de ciu­dad sería el que fijó el deno­mi­nado Movi­miento Moderno, sobre prin­ci­pios de segre­ga­ción de los usos del suelo, de jerar­quía en las redes de ser­vi­cios y edi­fi­ca­ción en blo­ques ais­la­dos y que trajo una inge­nie­ría que cons­truyó la ciu­dad del automóvil.
  • Infra­es­truc­tu­ras cen­tra­das en con­se­guir velo­ci­dad (auto­pis­tas) y gran­des tras­va­ses de ener­gía, que mos­tra­ron su capa­ci­dad de ampliar el terri­to­rio creando un efecto “túnel” sobre él, y a las que se aña­di­ría la divul­ga­ción del telé­fono por cable. A ese periodo corres­ponde la for­ma­ción de ciu­da­des metro­po­li­ta­nas o de con­ur­ba­cio­nes de núcleos Ciu­dad pro­ducto de la eufo­ria que habían creado las infra­es­truc­tu­ras del periodo ante­rior, aso­cia­das a una gran dis­po­ni­bi­li­dad de ener­gía, que tuvo su cenit en los años sesenta y que toda­vía está vigente en la con­cep­ción que tie­nen del urba­nismo las cla­ses domi­nan­tes y sus apa­ra­tos técnicos.
  • Final­mente, la elec­tró­nica, la infor­má­tica y la tele­fo­nía celu­lar, que aso­cia­das a una espe­cia­li­za­ción del trans­porte han dado un nuevo orden espa­cial, en el que las rela­cio­nes de pro­xi­mi­dad han sido sus­ti­tui­das por las de cone­xión. Infra­es­truc­tu­ras que han con­so­li­dado la ciu­dad de la dis­per­sión y del derro­che de recur­sos, pro­du­cida en las dos últi­mas déca­das del siglo XX, que está orga­ni­zada sobre redes, fun­da­men­tal­mente de trans­porte, que pro­du­cen un espa­cio donde se entre­mez­cla núcleos urba­nos y gran­des vacíos, con cen­tra­li­da­des de muy dife­ren­tes tipos.

Así, en algo menos de 200 años se ha pasado de las infra­es­truc­tu­ras que per­mi­tie­ron el cre­ci­miento de la pri­mera ciu­dad indus­trial a las que pro­pi­cian la ciu­dad de la dis­per­sión y del derro­che ambien­tal, que crean redes glo­ba­les de cone­xión para algu­nos que coexis­ten con pro­ble­mas loca­les pro­pios de la pro­xi­mi­dad para otros.

A fina­les del siglo XX se cerró el círculo del capi­tal mono­po­lista que se enri­quece en la cons­truc­ción de gran­des infra­es­truc­tu­ras gene­ra­do­ras de plus­va­lía urbana, con­trola el ciclo de pro­duc­ción del inmo­bi­lia­rio y, a la vez, finan­cia al usua­rio, a veces con sub­ven­ción esta­tal para su com­pra. La cons­tante exten­sión de la ciu­dad sud­ame­ri­cana con aban­dono de la ciu­dad pre­exis­tente, la absurda cons­truc­ción de auto­pis­tas y corre­do­res de trans­porte colec­tivo para dar valor a terri­to­rios no ocu­pa­dos, es el mejor y más preo­cu­pante ejem­plo de lo expuesto

Hay que fijarse en las infra­es­truc­tu­ras, ver qué tipo de ellas pre­ci­sa­mos, si que­re­mos encon­trar res­pues­tas al tipo de ciu­dad hacia la que debe­mos diri­gir­nos. Poner el acento en ellas per­mite una lec­tura de la his­to­ria de nues­tra ciu­dad más útil, por cuanto no será posi­ble salir de la cri­sis ambien­tal y terri­to­rial de lo urbano con el mismo tipo de infra­es­truc­tu­ras, o por lo menos con su mismo enfo­que conceptual.

A lo largo de estos dos siglos, la ciu­dad no ha cam­biado de modelo por las pro­pues­tas de los Cerdà, Howard, Gar­nier, Ged­des, Le Cor­bu­sier o Doxia­dis, aun­que muchos de ellos hayan tenido la capa­ci­dad de sín­te­sis nece­sa­ria para poder expli­car que nuevo modelo de ciu­dad se estaba pro­du­ciendo. Pero creo indu­da­ble que la ciu­dad ha cam­biado de modelo por­que han cam­biado sus infra­es­truc­tu­ras, pro­pi­cia­das unas u otras por el juego dia­léc­tico entre los dife­ren­tes agen­tes socia­les que en ella se enfrentan.

Para mayor información:

HERCE, Manuel. El nego­cio del terri­to­rio. Madrid, Alianza Edi­to­rial, 2013. [Tra­duc­ción al por­tu­gués, O nego­cio da cidade. Rio de Janeiro, Mauad edi­tora, 2015].

Manuel Herce es Pro­fe­sor titu­lar de Urba­nismo en la Escuela de Inge­nie­ros de Cami­nos de Barcelona.

 

Ficha biblio­grá­fica:

HERCE, Manuel. Infra­es­truc­tu­ras para una ciu­dad menos pri­va­ti­zada. Geo­cri­tiQ. 10 de junio de 2015, nº 145. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2015/06/infraestructuras-para-una-ciudad-menos-privatizada>

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