Los centros históricos de las ciudades generalmente son percibidos, en las primeras impresiones, como barrios donde los problemas constituyen los aspectos más visibles: degradación del parque de viviendas, dificultades sociales y económicas de parte de los residentes, etc. Excepto los casos en que destaca la presencia de edificios de indudable valor patrimonial, normalmente protegidos por las administraciones, la consideración de los antes llamados barrios viejos o cascos antiguos frecuentemente deja mucho que desear. Su gran riqueza histórica, geográfica, arquitectónica y cultural suele permanecer escondida, cuando en realidad es el rasgo principal que los caracteriza.
Las iniciativas públicas de promoción de los centros históricos de las ciudades han sido numerosas en las últimas décadas. Sin embargo, no siempre se ha conseguido el éxito esperado. Un ejemplo de ello lo constituye el barrio del Raval de Barcelona, el antiguo arrabal de la ciudad que con el crecimiento de la ciudad pasó a formar parte del centro histórico. Desde la Edad Media ejercía funciones que la ciudad necesitaba, pero que no podía o no deseaba cobijar en su interior; allí se encontraban conventos, huertos, hospitales e instituciones de acogida. Densificado desde finales del siglo XVIII, el Raval siempre ha constituido la puerta de entrada y lugar de asentamiento de una parte importante de la población migrante de distinta procedencia.
A los problemas tradicionales del barrio, asociados a las dificultades socioeconómicas, se han unido los conflictos causados por las intervenciones recientes en relación con la recuperación el barrio por su valor simbólico como centro histórico, tal como sucede actualmente en las áreas centrales de numerosas ciudades españolas e iberoamericanas. La vivienda –la antigua, la rehabilitada y la de nueva construcción-, la llegada de población, las actividades económicas de los residentes y las destinadas al turismo, la instalación de centros culturales, la reestructuración de los espacios públicos, han de convivir en el mismo territorio y generan importantes conflictos de intereses.
No obstante, el debate en torno a los problemas actuales no debería dejar de lado ciertos aspectos que no pueden ser relegados a un segundo plano y que constituyen parte de la esencia de estos barrios. Uno de ellos es su configuración a lo largo del tiempo, que no sólo puede considerarse muy interesante, sino que es fundamental para comprender los centros en la actualidad. En el Raval, cabe mencionar la larga y controvertida construcción del convento de San Agustín, que se extendió a gran parte del siglo XVIII.
La formación del conjunto religioso reestructuró el espacio en el que se erigió, tanto urbanísticamente, ya que se trataba de un edificio imponente en relación con el entorno, como socialmente, puesto que conllevó la expropiación de numerosas viviendas. Las razones que generaron controversia fueron varias: la oposición de vecinos y otras congregaciones a la instalación de los agustinos en el Raval, el pleito interpuesto por la comunidad al contratista de la obra por no seguir –según los religiosos– las condiciones estipuladas, e incluso la polémica ocasionada por las innovaciones arquitectónicas que incorporaba la iglesia. Todos estos motivos contribuyen a reflejar los agentes urbanos de la época en todos los niveles –desde los maestros de obra hasta la monarquía– y las relaciones de poder, aspectos importantes para conocer la sociedad que genera los cambios.

Secciones y frente del convento de San Agustín. Proyecto del maestro de obras Pere Bertran, 1748
De aquella intervención permanecen hoy en día la iglesia, la plaza de San Agustín y la calle del Arco de San Agustín, que se formaron al construirse el convento y constituyen elementos estructuradores del espacio, en tanto que marco físico y lugar de desarrollo de la actividad humana.
A diferencia del caso mencionado, cuya pervivencia no presenta dudas, en el proceso de recuperación de los centros las administraciones han optado frecuentemente por no conservar edificios que numerosos expertos han considerado de interés arquitectónico y parte del patrimonio colectivo urbano. Del mismo modo, en la remodelación viaria no siempre se ha actuado siguiendo criterios selectivos, sino que en ocasiones se han llevado a cabo transformaciones drásticas. Desde esta perspectiva, a veces se ha llevado a cabo, paradójicamente, una recuperación del centro despojándolo de sus elementos esenciales. Frente a estas actitudes, hemos de encontrar vías firmes que superen los intereses del poder para conceder a los centros históricos el valor que les corresponde, dando fuerza a la historia, sólo así se podrá reconocer y apreciar su riqueza.
Para mayor información:
SARGATAL BATALLER, Ma Alba. La construcción del convento de San Agustín (1728-ca.1800): ingenieros, maestros de obra e impacto en el Raval de Barcelona. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. Barcelona: Universidad de Barcelona, 10 de mayo de 2012, vol. XVI, nº 401.
Ma Alba Sargatal Bataller es doctoranda en Geografía Humana en la Universidad de Barcelona
Ficha bibliográfica
SARGATAL BATALLER, Ma Alba. Problemas actuales de los centros históricos. GeocritiQ. 1 de enero de 2015, nº 109. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2015/01/problemas-actuales-de-los-centros-historicos/>