Las estadísticas de las Naciones Unidas recogen anualmente los avances de la escolarización en todo el mundo. En particular, permiten ver el aumento del número de estudiantes universitarios, y de titulados superiores: de más de 100 millones a cerca de 200 millones en los últimos años.
Hay, pues, millones de ingenieros, médicos, farmacéuticos, abogados, físicos y otros titulados superiores en el mundo, trabajando profesionalmente. Aunque no sean científicos en ejercicio, pueden tener una sólida formación en ciencias naturales, físicas y humanas. Son, por tanto, capaces de leer un artículo científico.
Si la ciencia se difundiera ampliamente, y llegara a un público amplio, y el acceso a los trabajos científicos fuera posible, como sucede hoy a través de Internet, entonces la población que ha realizado estudios universitarios, más la que posee estudios de grado medio y profesional y otra simplemente culta, podría hacer aportaciones a la ciencia. A partir de la amplia posibilidad de acceder a los trabajos científicos por parte de la población en general, es muy posible que se les ocurran preguntas, dudas, cuestiones y sugerencias en las que los científicos que realizan los trabajos no han pensado, mejorando la misma investigación; y que puedan aportar datos de interés para ella.
Ese es el fundamento de la llamada ‘ciencia ciudadana’, o ‘ciencia en colaboración’. Basta con buscar en Internet estas expresiones, en español y en diferentes lenguas (por ejemplo: citenzen science, science citoyenne, ciencia cívica, ciencia en red, networked science, ciencia colaborativa, crowd science, crowd-source science), para encontrar centenares de miles de direcciones que hablan de ella.
Para la difusión de la ciencia lo primero es contribuir a que se conozcan los trabajos científicos realizados; su conversión en artículos periodísticos es una buena estrategia, y a ello quiere contribuir GeocritiQ. Para conseguir este fin es importante inculcar a los científicos la necesidad de colaborar personalmente a dicha difusión, sin necesidad de contar con el intermedio de los periodistas, que lo pueden hacer bien, pero no pueden atender a todos los frentes de aportaciones científicas.
La conversión en noticias periodísticas de los artículos científicos contribuye, sin duda, a complementar la información que dan los periódicos. La difusión de los avances de la ciencia es, por tanto, muy positiva. En el caso de las ciencias sociales, porque en su mayor parte son noticias que se refieren a la actualidad: las migraciones, la política agrícola, el mercado inmobiliario y otros temas de interés. Basta con ver la información sobre los artículos de las revistas científicas, que ya están cada vez más disponibles en Internet.
Desde la aparición de la Web 2.0 los ciudadanos están acostumbrados a introducir información en Internet, e incluso a elaborar colectivamente datos nuevos utilizando para ello técnicas de información y cartografía, así como las nuevas tecnologías disponibles.
Hoy es posible una amplia participación pública en las investigaciones científicas, por parte de personas que no son especialistas. Existen ya numerosas publicaciones que valoran esta ciencia ciudadana; como Citizen Scientist, Citizen Science Montly, y otras, asociaciones de ciudadanos interesados por la ciencia, entre las cuales la Citizen Science Association y muchas más.
También múltiples instituciones científicas valoran esta posibilidad de colaboración ciudadana, con voluntarios que aportan datos, conocimientos o preguntas, y suministran informaciones con sus propios recursos: la NASA, instituciones de biología que elaboran atlas e inventarios del mundo vivo o hacen estudios sobre la diversidad, organismos de geografía, y otros muchos.
Todo ello puede cambiar la ciencia, haciéndola más democrática, contribuyendo a plantear nuevos problemas hasta ahora no investigados; y hacer a los ciudadanos y a los mismos científicos más conscientes de los problemas planteados, de los riesgos de determinadas investigaciones, y de la necesidad de un mayor diálogo con los responsables de las políticas científicas.
El momento actual es grave, por los importantes cambios y amenazas que existen sobre la Tierra y la Humanidad. Lo cual exige estimular los debates y el compromiso público con la ciencia, con la participación de los ciudadanos.
Para mayor información:
CAPEL, Horacio. Vincular el mundo de la investigación y el público en general. GeocritiQ. 1 de octubre de 2013, nº 1. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2013/10/vincular-el-mundo-de-la-investigacion-y-el-publico-en-general/>
MONTESINOS, Eduard y CAPEL, Horacio. GeocritQ en 2015 y la ciencia ciudadana. Biblio3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. [En línea]. Barcelona: Universidad de Barcelona, 29 de diciembre de 2015, Vol. XX, nº 1.143. <http://www.ub.es/geocrit/b3w-1143.pdf>. [ISSN 1138–9796].
Horacio Capel es profesor emérito de la Universidad de Barcelona.
Ficha bibliográfica:
CAPEL, Horacio. ¿Es posible una ciencia ciudadana?. GeocritiQ. 5 de enero de 2016, nº 193. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2016/01/es-posible-una-ciencia-ciudadana/>