Las consecuencias urbanísticas de la existencia de Dios

Algu­nos estu­dios han iden­ti­fi­cado hasta varios miles de reli­gio­nes en todo el mundo, desde el comienzo de la his­to­ria hasta hoy. Las mayo­ri­ta­rias son pocas y, aun­que a veces divi­di­das en dife­ren­tes sec­tas, reúnen miles de millo­nes de cre­yen­tes que acep­tan un Dios, que recibe nom­bres dife­ren­tes: Brahma, Krishna, Vishnú, Jahvé, la San­tí­sima Tri­ni­dad, Alá, u otros. Para los cre­yen­tes eso no parece plan­tear nin­gún pro­blema, ya que se han edu­cado en una cul­tura y en una reli­gión. Pero para los no cre­yen­tes puede dar lugar a mucha con­fu­sión. Y si tuvie­ran que ele­gir, no sabrían bien en qué Dios creer.

Hay algo que parece estar claro: si Dios existe, ha de ser uno, y eso tiene impli­ca­cio­nes urba­nís­ti­cas. Pode­mos acep­tar que, con un poco de refle­xión, todos los cre­yen­tes esta­rán de acuerdo en ello, y acep­ta­rán que Dios es uno, pero que se mani­fiesta de manera dife­rente en cada reli­gión, desa­rro­llada ini­cial­mente en un ámbito cul­tu­ral con­creto, aun­que luego se haya podido exten­der fuera del mismo, reba­sando sus fron­te­ras originarias.

Las con­se­cuen­cias polí­ti­cas y urba­nís­ti­cas de un acuerdo gene­ral sobre ello (espe­cial­mente  impor­tante en estos momen­tos en que se difun­den muchos fun­da­men­ta­lis­mos reli­gio­sos) serían muy cla­ras: debe­rían des­a­pa­re­cer las luchas entre reli­gio­nes, que tan­tas catás­tro­fes han pro­vo­cado en la his­to­ria de la Huma­ni­dad, y siguen pro­vo­cando hoy. Los fie­les de todas las reli­gio­nes serían cre­yen­tes del mismo Dios.

En los esta­dos demo­crá­ti­cos las con­se­cuen­cias serían tam­bién gran­des. Se afir­ma­ría el carác­ter laico del Estado y el res­peto a todas las creen­cias reli­gio­sas, que debe­rían que­dar reser­va­das a la con­cien­cia pri­vada, y al dere­cho de reunión en asam­blea o comu­ni­dad (que es el sig­ni­fi­cado de eccle­sia, y el de sina­goga). Las mani­fes­ta­cio­nes públi­cas reli­gio­sas fuera de esos espa­cios serían estric­ta­mente regu­la­das y limitadas.

Desde el punto de vista de los pla­nes urba­nís­ti­cos, eso tiene impli­ca­cio­nes cla­ras: debe­rían esta­ble­cerse unos espa­cios para equi­pa­mien­tos reli­gio­sos com­par­ti­dos por los fie­les de todas las reli­gio­nes, los cua­les debe­rían ponerse de acuerdo entre ellos con vis­tas a su uti­li­za­ción ecu­mé­nica. La mayor parte de las ins­ta­la­cio­nes serían de uso com­par­tido, aun­que algu­nos días podrían dedi­carse tem­po­ral­mente al uso exclu­sivo de una reli­gión, lo que ven­dría faci­li­tado por el hecho de que las fies­tas sagra­das para un cierto número de ellas se cele­bran en días dife­ren­tes (vier­nes, sába­dos, domin­gos u otros días). La con­vi­ven­cia segu­ra­mente les ayu­da­ría al diá­logo, a la rea­li­za­ción de acuer­dos y a las cele­bra­cio­nes con­jun­tas al mismo y único Dios, mani­fes­tado en advo­ca­cio­nes dife­ren­tes. El día que los urba­nis­tas y los ayun­ta­mien­tos se deci­die­ran a dar ese paso se habría rea­li­zado un gran avance.

Al igual que en este caso, en otros muchos con la nor­ma­tiva urba­nís­tica o legal, es decir con el dere­cho, se pue­den resol­ver muchos pro­ble­mas en la Huma­ni­dad, de carác­ter social, polí­tico, eco­nó­mico o urbano. En los Esta­dos demo­crá­ti­cos, las nor­mas de carác­ter más gene­ral se ela­bo­ran y deba­ten en los Par­la­men­tos ele­gi­dos por los ciudadanos.

La socie­dad se debe trans­for­mar con el dere­cho, ela­bo­rando pro­pues­tas ima­gi­na­ti­vas y rea­li­za­bles para los pro­ble­mas que exis­ten. Y pro­po­niendo nue­vas leyes y nor­mas jurí­di­cas que con­tri­bu­yan a resol­ver los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos, socia­les y polí­ti­cos exis­ten­tes, y que evi­ten la violencia.

Excluida la vio­len­cia en las rela­cio­nes socia­les, solo queda la vía del dere­cho. Los mar­cos jurí­di­cos y polí­ti­cos exis­ten­tes en los paí­ses demo­crá­ti­cos deben ser y pue­den ser uti­li­za­dos para ello, con­tando con la legis­la­ción y las garan­tías for­ma­les necesarias.

Nece­si­ta­mos pro­po­ner y deba­tir pro­pues­tas ima­gi­na­ti­vas sobre el sis­tema finan­ciero, sobre la pro­pie­dad y su trans­mi­sión, sobre el desa­rro­llo eco­nó­mico, sobre el cre­ci­miento de suma cero, sobre el dere­cho a trans­for­mar nues­tras ciu­da­des, sobre la con­vi­ven­cia reli­giosa, sobre la edu­ca­ción, la sani­dad pública y la segu­ri­dad social, sobre el sala­rio y la vivienda digna para todos, y sobre la forma de obte­ner recur­sos para ello y las con­tra­par­ti­das que deben exi­girse a los ciu­da­da­nos en bene­fi­cio de la comu­ni­dad. En una socie­dad demo­crá­tica todo ello puede con­se­guirse ela­bo­rando y apro­bando leyes demo­crá­ti­ca­mente. Para lo cual es pre­ciso hacer pro­pues­tas cohe­ren­tes y sóli­das que con­ven­zan a la mayo­ría de la pobla­ción, con nor­mas jurí­di­cas sóli­das y con volun­tad polí­tica para aplicarlas.

 

Para mayor infor­ma­ción:

CAPEL, Hora­cio. Urba­ni­za­ción Gene­ra­li­zada, dere­cho a la ciu­dad y dere­cho para la ciu­dad. Scripta Nova. Revista Elec­tró­nica de Geo­gra­fía y Cien­cias Socia­les.  Uni­ver­si­dad de Bar­ce­lona, 1 de agosto de 2010, vol. XIV, nº 331 (7). <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-331/sn-331–7.htm>.

Hora­cio Capel es pro­fe­sor emé­rito de Geo­gra­fía Humana de la Uni­ver­si­dad de Barcelona.

 

Ficha biblio­grá­fica:

CAPEL, Hora­cio. Las con­se­cuen­cias urba­nís­ti­cas de la exis­ten­cia de Dios. Geo­cri­tiQ. 15 de abril de 2014, nº 45. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/04/las-consecuencias-urbanisticas-de-la-existencia-de-dios/>

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One thought on “Las consecuencias urbanísticas de la existencia de Dios

  1. Que­rido prof. Capel, real­mente a exis­tên­cia de um Deus tem impli­cações urba­nís­ti­cas. Mais um texto cria­tivo, ins­ti­gante e pro­vo­ca­tivo. Abraços
    Denis Castilho.

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