Una fundación romana: Lugdunum Convenarum

No es nin­gún secreto decir que el mundo romano era un mundo de ciu­da­des. Dónde no había cen­tros urba­nos, Roma los creaba. Durante el periodo de la Repú­blica Romana Tar­día (133–27 a.C.), este papel lo jugaba fun­da­men­tal­mente los impe­ra­to­res, en un afán tanto de pro­ta­go­nismo como de sol­ven­tar los pro­ble­mas de carác­ter admi­nis­tra­tivo y social que atra­ve­saba en aquel tiempo Roma.

Cn. Pom­peyo Magno (cos. I 70 a.C.) fue uno de los polí­ti­cos más des­ta­ca­dos en este aspecto, tanto en Oriente como en Occi­dente. En parte, su acti­tud se debía a su intento de emu­lar la figura del cono­cido monarca mace­do­nio Ale­jan­dro Magno (336–323 a.C.), entre cuyos atri­bu­tos más carac­te­rís­ti­cos se encon­traba su afán de «colonizar».

Las fuen­tes lite­ra­rias reve­lan que este hecho ya era tenido en cuenta por la Anti­güe­dad: Apiano informa que Pom­peyo fundó ocho ciu­da­des en Capa­do­cia y una vein­tena entre Cili­cia y Cele­si­ria; Plu­tarco da la cifra de treinta y nueve ciu­da­des. Pero no nos tene­mos que dejar enga­ñar por estas cifras, ya que muchas de estas «fun­da­cio­nes» no eran más que dotar de un sis­tema admi­nis­tra­tivo ade­cuado a los intere­ses roma­nos a la comu­ni­dad en cuestión.

Esta fue la polí­tica seguida por Pom­peyo en Occi­dente: con­cen­trar la res­pon­sa­bi­li­dad admi­nis­tra­tiva en unos pocos gran­des núcleos sobre el resto de pobla­cio­nes y uni­da­des étni­cas veci­nas, como había hecho su padre Cn. Pom­peyo Estra­bón (cos. 89 a.C.) en la Galia Cisal­pina, mediante la cono­cida lex Pom­peia de Trans­pa­da­nis. Si no exis­tía un núcleo que reuniese las carac­te­rís­ti­cas nece­sa­rias para tal fun­ción, con­si­de­ra­cio­nes de carác­ter estra­té­gico podían deter­mi­nar esta­ble­cerlo. Este fue el caso de Lug­du­num Con­ve­na­rum (Saint-Betrand-de-Comminges, dept. Haute Garonne, Fran­cia) creada, junto con Pom­paelo (Pam­plona, prov. Nava­rra) y Gerunda (Girona, prov. Girona), durante la Gue­rra Ser­to­riana (82–72 a.C.).

Lug­du­num Con­ve­na­rum fue creada sobre la base de su mag­ní­fica situa­ción estra­té­gica, en el cruce de impor­tan­tes rutas comer­cia­les, y con impor­tan­tes recur­sos natu­ra­les, desde la cual se podía con­tro­lar los pasos mon­ta­ño­sos de esta zona, ya que vigi­laba el Alto Garona (pasos de Som­port y del valle de Arán hacia His­pa­nia) y las rutas en direc­ción al gran nudo de comu­ni­ca­cio­nes que era Tolosa (Tou­louse, dept. Haute-Garonne) así como hacia la Gallia Comata. No debe pasar desa­per­ci­bido que los ejér­ci­tos de His­pa­nia que lucha­ban con­tra Q. Ser­to­rio (pr. 83 a.C.) tenían sus cuar­te­les de invierno en las lla­nu­ras del río Garona y en el Languedoc.

Debido a que la pobla­ción lleva un nom­bre indí­gena, la fun­da­ción de Lug­du­num Con­ve­na­rum no habría sido ex novo, por lo que Pom­peyo, aparte de la con­tri­bu­ción de pobla­ción humana en un anti­guo oppi­dum indí­gena, habría efec­tuado algu­nas refor­mas de carác­ter urba­nís­tico. Pero, desde el punto de vista arqueo­ló­gico, no se encuen­tra prue­bas de su exis­ten­cia hasta tiem­pos del empe­ra­dor Augusto (27 a.C.-14 d.C.), por lo que se ha dudado de la vera­ci­dad sobre la fun­da­ción pom­pe­yana de esta loca­li­dad. Más bien, posi­ble­mente el esta­ble­ci­miento fun­dado en este lugar por Pom­peyo fuera de peque­ñas dimen­sio­nes, por lo que sea difí­cil su iden­ti­fi­ca­ción. Si fuera así, Lug­du­num Con­ve­na­rum no sería más que una modesta guar­ni­ción fron­te­riza que mar­caba el límite del con­trol directo por parte de la admi­nis­tra­ción romana en la Galia occidental.

Termas y foro de Lugdunum Convenrum, con la catedral medieval de Saint-Betrand-de-Comminges al fondo.

Ter­mas y foro de Lug­du­num Con­ven­rum, con la cate­dral medie­val de Saint-Betrand-de-Comminges al fondo.

Las fuen­tes men­cio­nan que Pom­peyo pobló Lug­du­num Con­ve­na­rum con his­pa­nos: San Isi­doro de Sevi­lla men­ciona que fue colo­ni­zada por vas­co­nes, mien­tras que San Jeró­nimo nom­bra a vec­to­nes –vettones-, arre­baci –are­vaci– y cel­ti­beri, quie­nes habían sido obli­ga­dos a bajar de los Piri­neos, donde se habían refu­giado, pues habían apo­yado la causa de Ser­to­rio con­tra Roma. La ubi­ca­ción de estas gen­tes his­pa­nas en la nueva pobla­ción puede deberse a que, des­pués de haber inten­tado resis­tir inú­til­mente, ofre­cie­ron su ren­di­ción a Pom­peyo quien, hábil­mente, los tras­ladó desde sus tie­rras nata­les al sur de la Galia. En este sen­tido, hay que tener en cuenta que, tras la muerte del suce­sor y ase­sino de Ser­to­rio, M. Per­perna Veiento (pr. ca. 83 a.C.), Pom­peyo aco­gió a muchos de sus soldados.

Pero Pom­peyo no sólo incluyó a his­pa­nos en Lug­du­num Con­ve­na­rum, sino tam­bién a nati­vos aqui­ta­nos, for­mando de esta forma la etnia de los Con­ve­nae, lo que daría vali­dez a las pala­bras de San Jeró­nimo: cum-venire, «gente venida de todas par­tes». De esta pala­bra deriva el moderno topó­nimo Com­min­ges, nom­bre actual de la comarca donde se asienta Saint-Betrand-de-Comminges. De esta forma, los Con­ve­nae no serían una anti­gua pobla­ción pre­rro­mana, sino una crea­ción de Pom­peyo. No tiene nada de par­ti­cu­lar: los roma­nos parece que arti­cu­la­ron a comu­ni­da­des indí­ge­nas para for­mar con ellos a: galai­cos, cán­ta­bros, astu­res y vascones.

En cual­quier caso, la polí­tica de Pom­peyo sobre los anti­guos par­ti­da­rios de Ser­to­rio, a los que asentó en Lug­du­num Con­ve­na­rum (y, muy posi­ble­mente, en otros cen­tros), recuerda asi­mismo el mismo tra­ta­miento que Pom­peyo dis­pensó a los ven­ci­dos pira­tas no mucho tiempo des­pués (67 a.C.), al ubi­car­los en varios cen­tros des­po­bla­dos, espe­cial­mente en la región anató­lica de Cili­cia, con el objeto de recon­ci­liar Roma con sus anti­guos enemi­gos, dán­do­les una opor­tu­ni­dad para adap­tarse a las con­di­cio­nes de la paz que se les había impuesto.

La inte­gra­ción defi­ni­tiva de los Piri­neos den­tro del con­trol polí­tico, admi­nis­tra­tivo y fis­cal romano comienza pre­ci­sa­mente con las actua­cio­nes de Pom­peyo en la región, cuyos pivo­tes fun­da­men­ta­les serían la fun­da­ción de Lug­du­num Con­ve­na­rum y el pacto con los Vas­co­nes (con la trans­for­ma­ción de una de sus pobla­cio­nes en Pom­paelo). No en vano, Lug­du­num Con­ve­na­rum, Pom­paelo y Gerunda, pre­sen­tan una carac­te­rís­tica común: su mag­ní­fica posi­ción estra­té­gica, domi­nando rutas comer­cia­les y mili­ta­res de importancia.

Para mayor infor­ma­ción:

AMELA VALVERDE, Luis. Pom­peyo y Lug­du­num Con­ve­na­rum. Biblio3W. Revista biblio­grá­fica de geo­gra­fía y cien­cias socia­les. [En línea]. Bar­ce­lona: Uni­ver­si­dad de Bar­ce­lona, 15 de febrero de 2016, vol. XXI, nº 1.1150. Dis­po­ni­ble en: <http://www.ub.edu/geocrit/b3w-1150.pdf>. ISSN: 1138–9796.

Luis Amela Val­verde es Doc­tor en Geo­gra­fía e His­to­ria por la Uni­ver­si­dad de Barcelona.

Ficha biblio­grá­fica:

AMELA VALVERDE, Luis. Una fun­da­ción romana: Lug­du­num Con­ve­na­rumGeo­cri­tiQ. 15 de mayo de 2016, nº 223. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2016/05/una-fundacion-romana-lugdunum-convenarum>

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