La «clase creativa» : un nuevo mito urbano para nuevas mistificaciones urbanísticas

Teori­zada por Richard Flo­rida, pro­fe­sor cana­diense de mana­ge­ment y de mar­ke­ting urbano como el «actor esen­cial del desa­rro­llo eco­nó­mico de las ciu­da­des», la «clase crea­tiva»  forma parte de aque­llos neo-conceptos acu­ña­dos con vis­tas a un obje­tivo doble: pri­mero, ente­rrar ideo­lo­gi­ca­mente de una vez por todas la clase obrera y las cla­ses popu­la­res en gene­ral como de suje­tos his­tó­ri­cos rele­van­tes; y segundo, valo­ri­zar a los «tra­ba­ja­do­res del inma­te­rial», es decir la pequeña bur­gue­sía intelectual.

Ne se extra­ñará, por lo tanto, de que el libro de Richard Flo­rida The Rise of the Crea­tive Class (todas las pala­bras que en este texto apa­re­cen entre comi­llas son extraí­das de este libro)  ha sido un exi­tazo más allá del Atlán­tico y que su autor haga furor entre los alcal­des de las gran­des ciu­da­des esta­dou­ni­den­ses, segui­dos desde algún tiempo por sus homó­lo­gos de Europa. En la situa­ción actual de com­pe­ten­cia encar­ni­zada entre las metró­po­lis para acce­der al rango de «ciu­dad glo­bal» o, por lo menos, de capi­tal nacio­nal del capi­ta­lismo glo­ba­li­zado, atraer este «recurso fun­da­men­tal para el impulso del dina­mismo urbano» que sería la lla­mada «clase crea­tiva» se ha vuelto un impe­ra­tivo ineludible.

Según R. Flo­rida, la «clase crea­tiva» sería carac­te­ri­zada por las famo­sas «3 T» : Tec­no­lo­gía, Talento y Tole­ran­cia. Cinco índi­ces per­mi­ti­rían defi­nir una «ciu­dad crea­tiva» : índi­ces de alta tec­no­lo­gía (por­cen­taje de expor­ta­ción de bie­nes y ser­vi­cios de este sec­tor indus­trial), de inno­va­ción (número de paten­tes de inven­ción  por 1000 habi­tan­tes), de pobla­ción activa con títu­los uni­ver­si­ta­rios, por­cen­taje de pobla­ción «gay» (repre­sen­ta­tiva del «deseo de ple­ni­tud per­so­nal fuera de las nor­mas tra­di­cio­na­les») y de «bohe­mios» (artis­tas). Estos índi­ces per­mi­ti­rían esta­ble­cer cla­si­fi­ca­cio­nes entre ciu­da­des y a sus ges­to­res defi­nir estra­te­gias para ganar posi­cio­nes en el marco de la « com­pe­ten­cia libre y no fal­seada» entre «metrópolis».

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A pesar de los cálcu­los sofis­ti­ca­dos de estos «índi­ces», esta pre­sen­ta­ción carece total­mente de vali­dez cien­tí­fica. En pri­mer lugar, las cate­go­ri­za­cio­nes uti­li­za­das son impre­ci­sas: el panel de las pro­fe­sio­nes que entran en el recuento de la «clase crea­tiva» es dema­siado  amplio.  No es más que un con­glo­me­rado poco cohe­rente y poco esta­ble de redes de indi­vi­duos que tie­nen final­mente en común sola­mente los mis­mos hábi­tos de con­sumo dic­ta­dos por el mismo afán eli­tista y nor­ma­li­zado de «dife­ren­cia». Luego, aso­ciar a la «clase crea­tiva» con el «desa­rro­llo eco­nó­mico» no prueba nada en la medida en que no son los indi­vi­duos los que  impul­san  dicho desa­rro­llo sino el modo de pro­duc­ción capi­ta­lista –de hecho el modelo de acu­mu­la­ción del capi­tal– lle­gado a cierta fase de su evo­lu­ción, que requiere tal o tal tipo de acti­vi­da­des y por lo tanto de pobla­ción  activa. En fin, el uso del tér­mino «clase» apli­cado a «crea­tiva» tiende a poner entre parén­te­sis el hecho de que lo que sigue estruc­tu­rando la socie­dad son las rela­cio­nes de pro­duc­ción. Ahora bien, en un régi­men capi­ta­lista, cual­quier  pro­duc­ción es ante todo pro­duc­ción de plus­va­lía.  Y esto vale tam­bién para la «crea­ción», cual­quiera que sea la rama considerada.

Así pasa con la pro­duc­ción de cono­ci­mien­tos cien­tí­fi­cos y téc­ni­cos, para no men­cio­nar las  mer­can­cías cul­tu­ra­les, que auto­riza a cier­tos ideó­lo­gos –el filó­sofo ita­liano «post-marxista» Anto­nio Negri y sus segui­do­res a la cabeza– a hablar de «capi­ta­lismo cog­ni­tivo», aun­que los «cere­bros» que serían, si se puede decirse así, la base de éste, sean com­pra­dos y ven­di­dos, al igual que los «bra­zos» o las «manos» de los tra­ba­ja­do­res de la clase obrera, con la extor­sión o, al con­tra­rio, la retro­ce­sión de plus­va­lía según el sitio ocu­pado en la jerar­quía social. El adve­ni­miento del lla­mado «capi­ta­lismo cog­ni­tivo» refleja sen­ci­lla­mente la pene­tra­ción de este modo de pro­duc­ción den­tro de esfe­ras de acti­vi­dad que esca­pa­ban hasta enton­ces, en parte o total­mente,  a su dominio.

Si resulta falsa e incluso mis­ti­fi­ca­dora, como cual­quier ideo­lo­gía, la hipó­te­sis –pre­sen­tada como una reali­dad– del sur­gi­miento de una « lase crea­tiva» es, en cam­bio, fruc­tí­fera  desde el punto de vista de la publi­ci­dad y de la pro­pa­ganda. En efecto, ésta pone en escena un actor urbano fas­ci­nante ya que acu­mu­la­ría un papel clave en el auge eco­nó­mico de la ciu­dad (un asunto de los más serios pues con­di­ciona la pros­pe­ri­dad de los ciu­da­da­nos pri­vi­le­gia­dos) con el «anti­con­for­mismo» y lo «lúdico» en mate­ria de modo de vida y de cul­tura,  o en otras pala­bras la «rebe­lión desaho­gada» y la sub­ver­sión sub­ven­cio­nada. ¡Que hay más exci­tante, tam­bién, para los miem­bros de esta clase, que inde­xar semán­ti­ca­mente sus acti­vi­da­des pro­fe­sio­na­les a la crea­ción y ya no más a la pro­duc­ción! Hoy día, con el adve­ni­miento de la lla­mada socie­dad post-industrial, la pala­bra «pro­du­ción» huele dema­siado a fábrica y sudor, mien­tras que la de «crea­ción» nos eleva, por sus con­no­ta­cio­nes implí­ci­tas, hasta las esfe­ras eté­reas de la esté­tica y de la reli­gión, para no decir de la belleza y de lo sagrado sino el divino. A fin de cuen­tas, el éxito del pseudo-concepto «clase crea­tiva» par­ti­cipa en la auto­ce­le­bra­ción de la pequeña bur­gue­sía inte­lec­tual por si misma. Se entiende, por con­si­guiente, que los «bobos» en gene­ral y los inte­lec­tua­les «conec­ta­dos» en par­ti­cu­lar, hayan dado buena aco­gida a este con­cepto «innovador».

En una época donde se fomenta el «cam­bio urbano» (en la con­ti­nui­dad capi­ta­lista) y donde se alenta todo lo que puede hacer «moverse» a las ciu­da­des (con la con­di­ción de que eso no ponga en tela de jui­cio —salvo con pala­bras— las desigual­da­des socia­les),  la idea de que su futuro depende de la «inter­ac­ción» entre los «empre­sa­rios com­pe­ti­ti­vos» y los «crea­do­res» de todo tipo (es decir entre bur­gue­ses  y neo-pequeños bur­gue­ses a su ser­vi­cio) no puede sino com­pla­cer a unos y otros. Por ejem­plo, no habría sino que ale­grarse, como lo hacen cier­tos soció­lo­gos ali­nea­dos, de que los «gen­tri­fi­ca­do­res» «ele­ven el nivel socio-económico de parte de una ciu­dad  al modi­fi­car sus valo­res sim­bó­li­cos, — su «ima­gen» —, con­tri­bu­yendo así en una manera deci­siva a la reno­va­ción urbana », como mues­tra Alain Bour­din. Una reno­va­ción que va la par, como se sabe, con la reno­va­ción de la pobla­ción de los anti­guos barrios popu­la­res, echada a la peri­fe­ria de la «ciu­dad creativa».

Por lo tanto, no sor­pren­derá tam­poco  que estos obser­va­do­res doma­dos del mundo urbano dis­cier­nan en la «clase crea­tiva» una «van­guar­dia de los modos de vida», tam­bién según Alain Bour­din.  ¿A qué vida lleva esta van­guar­dia (auto)proclamada? ¿Y a que super­vi­ven­cia para todos aque­llos que no for­man parte de esta élite? Estas son evi­den­te­mente, para los pen­sa­do­res auto­ri­za­dos de lo urbano, cues­tio­nes fuera del tema.

Para mayor información:

BOURDIN, Alain. La classe créa­tive existe t-elle ?. Revue Urba­nisme, n° 373. Sept-Oct 2005

FLORIDA, Richard. The Rise of the Crea­tive Class. And How It’s Trans­for­ming Work, Lei­sure and Every­day Life, 2002. Basic Books.

GARNIER, Jean-Pierre. Metro­po­li­ta­ni­za­ción, esta­dio último de la urba­ni­za­ción capi­ta­listaMadrid. Mate­ria de debate. I Zozo­bras. Club de Deba­tes Urba­nos, Madrid, p. 289–293.

Jean-Pierre Gar­nier ha sido soció­logo urbano en el Cen­tre Natio­nal de la Recher­che Scientifique.

 

Ficha biblio­grá­fica:

GARNIER, Jean-Pierre. La «clase crea­tiva» : un nuevo mito urbano para nue­vas mis­ti­fi­ca­cio­nes urba­nís­ti­cas. Geo­cri­tiQ. 15 de agosto de 2014, nº 77. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/08/la-clase-creativa-un-nuevo-mito-urbano-para-nuevas-mistificaciones-urbanisticas/>

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2 thoughts on “La «clase creativa» : un nuevo mito urbano para nuevas mistificaciones urbanísticas

  1. Flo­rida al menos aporta una serie de hipó­te­sis y una serie de datos para sus­ten­tar­las. El autor de este comen­ta­rio en cam­bio tira mucho de ideo­lo­gía, de jui­cios de valor (“afán eli­tista”, “los «bobos» en gene­ral y los inte­lec­tua­les «conec­ta­dos» en par­ti­cu­lar…”) y de deter­mi­nismo estruc­tu­ral. Per­so­nal­mente y por el momento me quedo con las tesis de Florida.

    Un saludo

  2. Lo que veo aquí es mucha bilis y pocas ganas de enten­der. No se si es frus­tra­ción, envi­dia o puro des­co­no­ci­miento, pero voy a dejar mi gra­nito de arena.
    La gente de la que habla el autor no es tanto gente que repre­senta una efi­cien­cia eco­nó­mica en los tér­mi­nos de toda la vida sino la capa­ci­dad de hacer “atrac­tiva” una ciu­dad. Eso reporta turismo inte­lec­tual, que gasta más e igual vuelve para mon­tar nego­cios; tam­bién a la larga que la ciu­dad se adapte al plan de peque­ños empre­sa­rios y inno­va­ción en el mer­cado, que a su vez llama a más gente que quiere vivir de este modo. Es un pro­ceso en el que la buena vida de los miem­bros está en un punto de prio­ri­dad más alto del que había estado hasta ahora: abrir tu pro­pio nego­cio en vez de vivir piso­teado, bus­car alter­na­ti­vas de mer­cado e inten­tar inno­var en vez de reven­tar los pre­cios para hacer la com­pe­ten­cia o inver­tir en mar­ke­ting lo que tus riva­les no pue­den. Un pro­ceso lento que intenta igua­lar la cali­dad de vida de la ciu­dad. Eso en defi­ni­tiva es lo que hace falta para que el opre­sivo mer­cado pierda impor­tan­cia y el ser humano siga desa­rro­llando su pro­pia evo­lu­ción, por­que el auto­ma­tismo de la mayo­ría de labo­res que lleva a cabo el hom­bre es per­fec­ta­mente apli­ca­ble pero no tiene cabida en un sis­tema que exige tra­ba­jar para comer. Cuando enten­da­mos que esta­mos cons­tru­yendo un mundo que fun­ciona prác­ti­ca­mente solo y no haya impe­di­men­tos para ser fiel con uno mismo y seguir tus pro­pios intere­ses el mundo avan­zará mucho más rápido.
    Yo soy espa­ñol y aquí se está inten­tando hacer justo lo con­tra­rio, invi­tando a cual­quiera sus­cep­ti­ble de girar el rumbo a aban­do­nar el país y pro­bar suerte fuera. No lo que­re­mos, aquí que­re­mos mano de obra barata pro­du­cida en cadena, parece que el plan sea ser como China cuando eran pobres ahora cuando le ense­ñen al mundo lo ricos que son. Ahora mismo y cada vez más la edu­ca­ción supe­rior sólo está dis­po­ni­ble para aque­llos con medios para pagarla, que cada vez son menos. Eso es garan­ti­zar que solo aque­llos con mucho dinero antes de aca­bar sus estu­dios (antes de tra­ba­jar es el con­cepto clave) ten­gan acceso a la mejor for­ma­ción. Los pobres de igual, pa lo que nos va a tocar hacer… Con un poco de suerte no viviré para ver Bar­ce­lona con­ver­tido en el Lon­dres del boom indus­trial, pero no pon­dría la mano en el fuego.
    Total, que peque­ños idea­rios como el que escribe esta “reseña” tie­nen una gran res­pon­sa­bi­li­dad moral con el des­censo de mi país al ter­cer mundo, por­que cerrar los ojos al pro­greso es salirse de la rueda y luego entrar es muy com­pli­cado. Y si las manio­bras político-sociales encima tra­ba­jan en con­tra direc­ción y la masa social se cen­tra en con­flic­tos inter­nos es direc­ta­mente imposible.

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