En el contexto social y económico actual, en el que muchas familias se ven abocadas a una difícil situación por la escasez y precariedad de empleo en España y en el que muchos jóvenes se ven obligados a emigrar a otros países en busca de un futuro mejor, se hace necesario reflexionar sobre nuestra actualidad laboral. Debemos replantearnos los términos de “trabajo” y de “población activa”, tan asumidos en los contenidos de Geografía en Educación Secundaria; y preguntarnos si, a la luz de la situación actual, sirven para definir la realidad.
Partimos del hecho de que se ha naturalizado y banalizado el concepto de población activa. Éste se aplica a los mayores de 16 años que tienen o están buscando empleo. Éste, presente en las estadísticas oficiales del Estado, es discriminador, parcial y no concorde con la realidad social, pues no contempla como activas a todas aquellas personas excluidas, las “inactivas”, matiz peyorativo que no coincide con su cotidianeidad y su aporte a la sociedad. Se trata de población femenina y juvenil que está sometida a trabajo precario, oculto, o cuyas actividades no son consideradas trabajo: las amas de casa, los estudiantes, los voluntarios, e incluso los jubilados.
La aportación oculta de las amas de casa
Las mujeres –aunque cada vez más, también los hombres– que permanecen en el hogar y que se dedican a su cuidado y al mantenimiento de las necesidades básicas de la familia, conocidas popularmente como “amas de casa”; aunque estén en edad de trabajar, si no tienen empleo o no lo buscan son consideradas población “no activa”. Esta consideración da a entender que las tareas que estas personas asumen en sus hogares no son trabajo, lo que directamente lleva a pensar que “no hacen nada” o no contribuyen a la sociedad de ninguna manera.
Cabría preguntarse también, en este marco, qué es lo que entendemos por “trabajo”. Si consideramos que trabajo es toda actividad remunerada, criterio que efectivamente es seguido a la hora de clasificar la población en activa y no activa, entonces la labor de estas personas no es considerada trabajo. El mero hecho de no percibir un salario y de no cotizar a la Seguridad Social las excluye de la población activa y de los derechos y prestaciones que de ellas se derivan. Esta conceptuación, claramente discriminatoria, estigmatiza a las amas de casa y demás personas que cuidan del hogar o que dedican su tiempo a la manutención de la familia –es decir, a proporcionar comida, ropa y otros ítems al resto de familiares que comparten el hogar– como personas inactivas para la sociedad, en definitiva, como si no estuvieran haciendo nada. Su aportación a la sociedad, especialmente al mantenimiento de los activos, pasa desapercibida, está minusvalorada.
Los estudiantes, voluntarios y jubilados
Otro tanto le ocurre al resto de colectivos que se incluyen dentro de la población “no activa”. Los estudiantes, que están formándose –y que, a partir de los 16 años, suelen iniciarse en el trabajo precario– no son considerados población activa, aunque en el futuro vayan a serlo. En este sentido, son muy interesantes las conclusiones extraídas del estudio de caso realizado en diversos institutos de la provincia de Valencia (España) reseñado a pie de este artículo; donde se recogió la percepción generalizada entre los alumnos de Educación Secundaria que, si bien no consideran sus estudios como “trabajo” propiamente dicho, consideran que sus tareas –la mayor parte de las cuales no se desarrollan sólo en el aula y guiados por el docente, sino también en casa y por cuenta propia– les suponen un esfuerzo que merece ser valorado.
Igual aceptación y reconsideración merecen los voluntarios, que dedican su tiempo a los demás en servicios sociales; y los jubilados, que han pasado a asumir tareas de tutela y mantenimiento de sus familiares.
La enseñanza de la Geografía
Considerando todos estos puntos, los docentes, como responsables de la educación de los alumnos en valores y en el compromiso con la sociedad, debemos impugnar estos conceptos tan anclados en la Geografía humana y en el currículum de Educación Secundaria. No sólo están obsoletos, sino que además son inapropiados para comprender esta realidad y discriminadores de todos aquellos que no pueden ser englobados en los mismos.
Por ello, es importante que cuestionemos su validez para analizar la realidad y dotemos a los alumnos de nuevas herramientas para ello. Comprometerse con una educación más integradora y justa ayudará a formar ciudadanos conscientes del mundo en el que viven y capacitados para denunciar sus injusticias y desigualdades. Para ello, cabe ver la desconexión que existe entre los contenidos del currículum escolar y la realidad social y cotidiana en que vivimos; algo que no se circunscribe sólo al ámbito de la Geografía.
Para mayor información:
RIBES CRESPO, Ana María. La impugnación del concepto de población activa en la enseñanza de la Geografía. Trabajo Fin de Máster en Investigación en Didácticas Específicas, especialidad Ciencias Sociales: Geografía e Historia. Presentado en la Facultat de Magisteri de la Universitat de València, año 2013. Dirigido por Xosé Manuel Souto González.
Ana María Ribes Crespo es investigadora del grupo GEA-CLIO.
Ficha bibliográfica:
RIBES CRESPO, Ana María. ¿El trabajo en casa no es actividad?: La invisibilidad de los trabajos precarios. GeocritiQ. 30 de noviembre de 2014, nº 101. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/11/el-trabajo-en-casa-no-es-actividad-la-invisibilidad-de-los-trabajos-precarios/>
