Marsella 2013: el urbanismo como arma de destrucción masiva

En His­to­ire uni­ver­se­lle de Mar­sei­lle. De l’an 1000 à aujourd’hui, obra mayor de la His­to­ria urbana, publi­cada en Fran­cia en 2007, el ensa­yista anar­quista Alessi dell’Umbria pre­sen­tía ya en qué se con­ver­ti­ría Mar­se­lla. Ésta es hoy, efec­ti­va­mente, una «ciu­dad ven­cida» cuyos teji­dos urba­nos y socia­les, cul­tura e iden­ti­dad están borrán­dose. La «muta­ción» en curso en esta metró­poli medi­te­rrá­nea no es sino el resul­tado de un pro­ceso glo­bal de des-civilización urbana hecho a base de dis­lo­ca­ción terri­to­rial, desin­te­gra­ción social y enaje­na­ción cul­tu­ral, pero tam­bién de des­po­se­sión de la ciu­dad para los habi­tan­tes que habían echado raí­ces en ella. A ima­gen de otras gran­des ciu­da­des, Mar­se­lla está tam­bién en vías de con­ver­tirse en un magma urbano informe y anó­nimo –en otras pala­bras, en una «aglo­me­ra­ción»- «cuya única carac­te­rís­tica inden­ti­fi­ca­ble, apunta Dell’Umbria, es exten­derse hasta el infi­nito».

La his­to­ria de Mar­se­lla ha dejado de ser uni­ver­sal en el sen­tido que Dell’Umbria apunta, es decir, con­tra­rio al punto de vista de los domi­nan­tes, para quie­nes lo local no puede ser sino «pro­vin­cial». Para Dell’Umbria, se trata de un lugar donde se con­cen­traba toda la expe­rien­cia y la riqueza de la socia­bi­li­dad humana; el cen­tro de mun­dos eco­nó­mi­cos y cul­tu­ra­les dis­tin­tos que se codea­ban, se con­fron­tra­ban y se mez­cla­ban; el foco de lo que se lla­maba una civilización.

Por efecto de la expan­sión y de la pene­tra­ción de las rela­cio­nes socia­les capi­ta­lis­tas, Mar­se­lla se ha con­ver­tido, ella tam­bién, en una «mer­can­cía glo­bal», a seme­janza de todo el con­ti­nente euro­peo, del que ya no se puede decir que cons­ti­tuya una civi­li­za­ción, sino un hiper­mer­cado. La única uni­ver­sa­li­dad que pre­va­lece en nues­tros días es la deseada e impuesta por el capi­ta­lismo glo­ba­li­zado o, más exac­ta­mente, transnacionalizado.

De hecho, Mar­se­lla no se ha con­ver­tido, la han con­ver­tido. «¿Quién?» Sus éli­tes bur­gue­sas y neo-pequeño-burguesas con­cha­ba­das con el poder cen­tral pari­siense. Mien­tras el pue­blo mar­se­llés pudo con­tri­buir a fra­guar la iden­ti­dad de la ciu­dad a tra­vés sus prác­ti­cas, sus mane­ras de ser, sus cos­tum­bres, sus recuer­dos colec­ti­vos y, si hacía falta, sus revuel­tas, se podía decir que Mar­se­lla era el sujeto de su his­to­ria. Ahora ya no es sino el objeto de una his­to­ria que le escapa, la deseada e impuesta por otros : los capi­ta­lis­tas apá­tri­das de Fran­cia y de cual­quier parte, los euró­cra­tas de Bru­se­las, los tec­nó­cra­tas de París y los poli­ti­que­ros de la región PACA (Provence-Alpes-Côte d’Azur), ini­cia­les que ya no hacen soñar con la «Puerta de Oriente», su anti­guo sobre­nom­bre, pero que expre­san bien lo que es esta región urbana a ojos de quie­nes quie­ren recon­ver­tirla y reor­de­narla, y de los laca­yos perio­dís­ti­cos y cien­tí­fi­cos a su ser­vi­cio. Una pala­bra resume el esta­tuto y la ima­gen que quie­ren impri­mir a Mar­se­lla : metró­poli (“métro­pole”), una pala­bra comodín.

Mar­se­lla Metró­poli, Lyon Metró­poli, Lille Metró­poli, Tou­louse Metró­poli, Stra­bourg Metró­poli, Ren­nes Metró­poli, pero tam­bién Mont­pe­llier, Nan­tes y Ren­nes Metró­poli, e incluso Angers, Caen, Dijon o Brest Metró­poli… Sin olvi­dar, desde luego, la metró­poli del «Grand Paris». En Fran­cia, el 19 de deciem­bre de 2013, se ha apro­bado una ley para crear una docena de metró­po­lis. La metró­poli, que agrupa la ciu­dad prin­ci­pal, sus subur­bios y parte del terri­to­rio periur­bano, se encar­gará de las cues­tio­nes de desa­rro­llo eco­nó­mico, urba­nismo, medio ambiente, dis­tri­bu­ción del agua y ges­tión de los resi­duos. ¿Por qué con­cen­trar de tal manera la orga­ni­za­ción y el fun­cio­na­miento del espa­cio urbano? Para adap­tarlo a la con­cen­tra­ción del capi­tal mismo y a la cen­tra­li­za­ción de las fun­cio­nes de mando, así como de los ser­vi­cios liga­dos a éstas.

La uni­for­mi­dad de las deno­mi­na­cio­nes “metró­poli” remite a la de los pro­yec­tos urba­nís­ti­cos y pro­gra­mas de equi­pa­mien­tos que supues­ta­mente con­tri­bu­yen a que la ciu­dad sea mere­ce­dora de tal ape­la­ción: pala­cios de con­gre­sos, audi­to­rios, museos, patri­mo­nio del pasado indus­trial «recon­ver­tido» en «espa­cios cul­tu­ra­les», ribe­ras y mue­lles «recua­li­fi­ca­dos», etc. Uni­for­mi­dad tam­bién de las empre­sas cons­truc­to­ras (Bouy­gues, Vinci, Effage) y de las «gran­des fir­mas» de arqui­tec­tos (Jean Nou­vel, Chris­tian de Por­tzam­parc, Frank Gehry…). Uni­for­mi­dad igual­mente de los dis­cur­sos pro­pa­gan­dis­tas que pro­mue­ven estas ope­ra­cio­nes. Uni­for­mi­dad, a fin de cuen­tas, de la vida urbana que se quiere hacer reinar en estas capi­ta­les del capital.

Metro­po­li­za­ción = uni­for­mi­za­ción. Ciu­da­des inter­cam­bia­bles cuya remo­de­la­ción obe­dece a cri­te­rios de «atrac­ti­vi­dad» y de «com­pe­ti­ti­vi­dad» que son los mis­mos don­de­quiera, las «5 A» : acti­vi­da­des de alta tec­no­lo­gía; pobla­ción activa con alta cua­li­fi­ca­ción; habi­tan­tes y visi­tan­tes con altos ingre­sos; equi­pa­mien­tos de alto nivel, y edi­fi­cios de alta cali­dad medioam­bien­tal. Resul­tado : una eli­ti­za­ción del dere­cho a la ciu­dad. Los prin­ci­pios del orde­na­miento urbano son con­for­mes a la visión neo-liberal tec­no­crá­tica, mer­can­ti­lista y finan­ciera: racio­na­li­dad, orden y segu­ri­dad. A fuerza de ser idén­ti­cas las unas a las otras, estas ciu­da­des «remo­de­la­das» aca­ban por per­der su iden­ti­dad. Lo que vale tam­bién para los ciu­da­da­nos, no los recién lle­ga­dos que han ya per­dido la suya, sino aqué­llos a los que estas trans­for­ma­cio­nes urba­nas les han hecho extran­je­ros en su pro­pia ciu­dad, que ya no la reco­no­cen y que ya no se reco­no­cen en ella, en lo que se ha vuelto.

Pre­ci­sa­mente, el obje­tivo de las auto­ri­da­des publi­cas en Mar­se­lla es ele­varla al rango de metró­poli en el marco de la lla­mada «com­pe­ten­cia libre y no fal­seada», lema que se aplica tam­bién a otras gran­des ciu­da­des “riva­les”, ya sean ciu­da­des por­tua­rias de la Europa medi­te­rrá­nea (Bar­ce­lona, Valen­cia y Génova) o ciu­da­des fran­ce­sas del sur del país (Lyon, Mont­pe­llier, Tou­louse). Se trata de recon­ver­tir una ciu­dad industrial-portuaria y pro­le­ta­ria en una capi­tal de la «crea­ción» que atraiga «inver­sio­nis­tas», «mate­ria gris» y turis­tas adinerados.

Pro­blema: Mar­se­lla es la única gran ciu­dad fran­cesa en cuya área cen­tral la pre­sen­cia del pue­blo es toda­vía masiva. En 2003, un con­ce­jal de urba­nismo afir­maba publi­ca­mente : «Nece­si­ta­mos gente que crée riqueza. Tene­mos que des­ha­cer­nos de la mitad de los habi­tan­tes de la ciu­dad. El cora­zón de la ciu­dad merece otra cosa». Más fácil de decir que de hacer. Y de ahí la nece­si­dad de recu­rrir a pro­ce­di­min­tos deci­si­vos. En este caso, en pri­mer lugar, lan­zando, para­le­la­mente a la reha­bi­li­ta­ción de algu­nos barrios del cen­tro his­tó­rico, una gigan­tesca ope­ra­ción de «recon­quista urbana», arma habi­tual de des­truc­ción masiva de la pre­sen­cia popu­lar en áreas urba­nas cen­tra­les: ope­ra­ción “Euro­mé­di­te­rra­née”. Loca­li­zada a lo largo del mar, al Norte del Viejo Puerto, sus mega-obras cubren casi 500 hec­tá­reas y harán des­a­pa­re­cer los 30.000 resi­den­tes de este sec­tor urbano. En su lugar, apa­re­ce­rán cen­tros de nego­cios (más de 1 millón de m2 para acti­vi­da­des inno­va­do­ras) y una pobla­ción activa titu­lada uni­ver­si­ta­ria, equi­pa­mien­tos de pres­ti­gio, vivien­das de “alto stan­ding”, eco­ba­rrios, espa­cios públi­cos remo­de­la­dos, tranvía…

Esta recon­quista implica una lim­pieza socio-étnica, una polí­tica de tabula rasa a expen­sas de los hábi­tos y usos de la pobla­ción exis­tente. Se trata de sacar a los pobres, inmi­gran­tes sin pape­les, gita­nos y otros «inde­sea­bles». Esta pobla­ción, ame­na­zada, expul­sada o inci­tada a irse por el alza de los alqui­le­res y la falta de man­te­ni­miento en los edi­fi­cios de vivien­das, aban­do­nada por los pode­res públi­cos, se ve for­zada a des­pla­zarse a la peri­fe­ria lejana. Los edi­fi­cios vacíos, cuando no son des­trui­dos, son com­pra­dos al (bajo) pre­cio del mer­cado y res­tau­ra­dos para nue­vos inqui­li­nos o pro­prie­traios. Libe­rar el terreno para ope­ra­cio­nes ren­ta­bles y habi­tan­tes sol­ven­tes: ésa es la estra­te­gia. Para jus­ti­fi­car esta polí­tica, se estig­ma­tiza y se cri­mi­na­liza a los habi­tan­tes de los barrios popu­la­res a tra­vés de una pro­pa­ganda mediá­tica y poli­ti­quera cen­trada en la «inse­gu­ri­dad». De hecho, los con­ce­ja­les y dipu­tados del Par­tido Socia­lista que se pre­pa­ran para con­quis­tar el ayun­ta­miento en febrero de 2014 recla­man medi­das drás­ti­cas para «paci­fi­car» los barrios popu­la­res. Piden la cla­si­fi­ca­ción de la ciu­dad entera como «zona de secu­ri­dad prio­ri­ta­ria», que los dro­nes sobre­vue­len las «zonas urba­nas sen­si­bles», que el ejér­cito inter­venga… Como en Río de Janeiro, donde la poli­cía mili­tar emplea toda su fuerza en «paci­fi­car» las fave­las para que la ciu­dad acoja los «gran­des even­tos» del Mun­dial de fút­bol (2014) y los Jue­gos Olím­pi­cos (2016), y tam­bién para trans­for­mar en nue­vos barrios turís­ti­cos algu­nas de las mejor ubicadas.

Sin embargo, el modelo ori­gi­nal del «rena­ci­miento» de Mar­se­lla se encuen­tra en Bar­ce­lona. El reor­de­na­mie­miento gene­ral de la capi­tal cata­lana en el marco de los jue­gos olim­pi­cos apun­taba tam­bién a hacerla más aco­ge­dora para atraer nue­vos inver­sio­nis­tas, eje­cu­ti­vos y turis­tas. En Mar­se­lla, el «gran evento» que ha ser­vido como pre­texto fue cul­tu­ral : «Marsella-Provenza 2013, capi­tal euro­pea de la cul­tura». Esto ha dado lugar, como de cos­tum­bre, a una aso­cia­ción estre­cha entre pode­res públi­cos y empre­sas pri­va­das. ¡El pre­si­dente del comité orga­ni­za­dor era tam­bién el pre­si­dente de la cámara de comer­cio e industria!

Se tra­taba de fabri­car una nueva ima­gen urbana de Mar­se­lla, «post-industrial, lim­pia y crea­tiva», a tra­vés de una estra­te­gia de mar­ke­ting y de bran­ding. Los museos recién edi­fi­ca­dos fun­cio­nan como esca­pa­ra­tes o logo­ti­pos donde la cul­tura es embal­sa­mada y des­con­tex­tua­li­zada. El pro­pó­sito es acti­var la afluen­cia de neo-marselleses y turis­tas. El des­tino de Mar­se­lla –como el de otras gran­des ciu­da­des euro­peas– es, en efecto, vol­verse una marca regis­trada, en par­ti­cu­lar una de «des­tino turís­tico», como se dice en las agen­cias de via­jes. Por no hablar de sus habi­tan­tes que, en un medio urbano deve­nido ajeno a sus tra­di­cio­nes, se verán empu­ja­dos a pasearse y com­por­tarse como turis­tas en su pro­pia ciudad.

 

Jean-Pierre Gar­nier es sociólogo.

 

Ficha biblio­grá­fica
GARNIER, J.P. Mar­se­lla 2013: el urba­nismo como arma de des­truc­ción masiva. Geo­cri­tiQ. 10 de enero de 2014, nº 24. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/01/marsella-2013-el-urbanismo-como-arma-de-destruccion-masiva/>

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