El Ayuntamiento de Barcelona ha presentado un estudio sobre los horarios comerciales que había encargado al grupo de investigación que dirige Jordi Suriñach, catedrático de econometría de la Universidad de Barcelona. Los medios de comunicación lo presentan como el estudio de la Universidad de Barcelona, como en tantas ocasiones confundiendo el todo con sus partes; confusión, por otro lado, que pone de relieve la responsabilidad que los miembros de instituciones públicas tenemos a la hora de difundir nuestros trabajos.
Los horarios comerciales son un viejo caballo de batalla que enfrenta empresarios y gestores, ciudadanos y políticos en un debate que se encuentra enrocado desde hace mucho tiempo en posiciones inamovibles de intereses no siempre claros. Ello no sólo en Barcelona, sino en Cataluña, en toda España y en la mayoría de países del Mediterráneo europeo; no se trata, pues, de un debate local desde el punto de vista geográfico. Como tampoco de un debate banal, ya que implica intereses económicos, hábitos cotidianos, creencias y tradiciones religiosas y culturales, lo que explica la violencia a menudo de las discusiones que genera y el numantismo en la defensa de muchas posiciones.
A pesar del carácter general del debate, en Barcelona, como en otras ciudades, el tema se complica por la masiva presencia de turistas, que son grandes consumidores, a lo largo de todo el año. El momento no puede ser más adecuado para reabrir el debate, cuando se asiste al descenso continuado del número de turistas en la ciudad de Madrid y se pueden evaluar las consecuencias del cambio de signo de una de las mayores fuentes de ingresos con el que cuenta la maltrecha economía española contemporánea. De alguna forma, los escenarios alternativos de éxito y decadencia se configuran, mucho más allá de improductivas y folclóricas rivalidades. La trascendencia del tema no puede ser ocultada, dado que la interrelación entre las actividades comerciales y de servicio a las personas y la vida urbana es sumamente estrecha; cabe recordar tan sólo el viejo eslogan comercial: donde hay comercio hay vida.
LAS ACTIVIDADES COMERCIALES Y DE SERVICIOS ESTÁN ESTRECHAMENTE RELACIONADAS CON LA VIDA URBANA
En el debate hay que tener en cuenta diversos elementos. El primero se deriva de la complejidad urbana y de la relación antes señalada: no se pueden tomar decisiones comerciales sólo desde el sector del comercio, ya que sus consecuencias trascienden a otros sectores, incluso no económicos. La segmentación temática de las administraciones diluye responsabilidades e introduce irracionalidades en la gestión de la cosa pública. La administración debe tomar cartas en el asunto, y debe analizar todos los horarios que gestiona, explicando porque se interviene en unos casos y en otros no. Y no sólo la gestión del tiempo, sino que hay que analizar también porqué, en la fase de globalización actual que se está viviendo a todos los niveles, las concentraciones más o menos monopolísticas en el comercio y la distribución serían más perversas que en la industria o en las finanzas, por ejemplo. Los actuales medios de información y comunicación (internet, telefonía móvil, redes sociales) han cambiado los modos de vida y de trabajo en muchos aspectos y parecen caminar hacia una sociedad que funcione 24 al día, los siete días de la semana, todas las semanas del año, y no sólo de forma virtual.
¿POR QUÉ LA CONCENTRACIÓN DE CAPITAL EN LAS ACTIVIDADES DE COMERCIO Y DISTRIBUCIÓN ES MÁS PERVERSA QUE EN LA INDUSTRIA O EN LAS FINANZAS?
La libertad no debe suponer nunca una imposición, sino todo lo contrario. Los empresarios comerciales y de servicios abiertos al público (restaurantes, bares, agencias de viajes, peluquerías, gimnasios…) deben agruparse por intereses comunes, no tanto basados en la simple dimensión siempre engañosa (muchas grandes empresas pueden aparecer como pequeñas a través de las diferentes formas de contratación: sucursales, franquicias, cadenas). Intereses que pueden ser de especialización o diversificación de la oferta, de tipología de los clientes o, y sobre todo, de localización. Los buenos empresarios comerciales conocen más que nadie sus propios clientes y han de poder decidir en qué tiempos pueden alcanzar mayor número de consumidores, de la misma forma que han decidido, sin demasiadas cortapisas, en qué espacio pueden hacerlo.
La organización del espacio no puede desvincularse de la del tiempo, como la ciudad no puede de manera alguna desvincularse de su oferta comercial y de servicios.
Carles Carreras es profesor de Geografía Humana de la Universitat de Barcelona.
Ficha bibliográfica
CARRERAS, C. Los tiempos del consumo. GeocritiQ. 14 de octubre de 2013, nº 4. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2013/10/los-tiempos-del-consumo/>
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